Los antiguos sabores y saberes continúan caracterizando las mesas regionales, ofreciendo la sopa o la polenta a la valdostana; la carne guisada en tiras carbonade, el salami de cabra o de vaca llamado mocetta; la aromática manteca de Arnad; la carne salada tzemesada; el jamón de Bosses; el morcillo boudin y los fabulosos quesos de alta montaña, siendo el primero la Fontina Dop, seguida de cerca por el más magro Fromadzo Dop, la toma y el más graso Reblèque.
Auténticos tesoros que aportan sabor y aroma incluso a los platos más sencillos y caseros, y que se combinan maravillosamente con los productos del sotobosque y los generosos vinos regionales, como los tintos Nus, Donnas, Enfer d’Arvier, Chambave y otros. Una tradición gastronómica tan única y bien definida cuenta con valiosos representantes entre chefs y restauradores en todas partes del valle.
En el centro histórico de Aosta, restaurantes fieles a la tradición (como mucho con un sobrio toque de fantasía), son Vecchia Aosta, cerca de la Porta Pretoria, frecuentado tanto por locales como por turistas; Le Pèlerin Gourmand, o Il Vecchio Ristoro da Alfio e Katia. En el corazón de Cogne destaca La Brasserie du Bon Bec. En Courmayeur, con una magnífica vista al Val Ferret, está Clotze. Y en La Thuile, La Maison de Laurent.

