La carne de vaca Chianina se sirve en forma de fiorentina (el célebre y suculento chuletón cocinado a la parrilla) o de tagliata ; muchos platos están basados en cordero y cabrito de las Crete Senesi.
Muy solicitados, el pecho de paloma y el jabalí, que, en forma de ragú, acompañan las pappardelle (¡un clásico!) y otras pastas muchas veces caseras. Mientras que las menudencias de pollo y conejo dan vida al frito a la toscana.
En la costa predominan, por supuesto, los sabores del mar y no faltan platos emblemáticos, como el caciucco a la livornesa o el ragú de pescado a la viareggina, además del imprescindible frito mixto y el guazzetto.
Por todas partes se encuentran finalmente las sopas, desde la de espelta hasta la mítica ribollita a base de col negra; desde la frantoiana típica de Lucca hasta la primaveral garmugia. Para aromatizar y dar sabor a todo, el inigualable aceite de oliva virgen extra toscano. Una gastronomía con rasgos tan marcados solo podía acompañarse bien con vinos igualmente con carácter, como los Chianti Clásicos producidos entre Florencia y Siena, y los potentes tintos de la Maremma.

