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Collodi, visita al Parque de Pinocho

No podía nacer sino en Collodi (Pistoia), patria de Carlo Lorenzini, conocido como Collodi, “papá” de Pinocho, el Parque dedicado al famoso muñeco y a sus rocambolescas aventuras.

Anna Bruno
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Inaugurado en 1956, dentro de una gran área verde próxima al pintoresco pueblo, este parque quiso ser desde sus inicios no solo un lugar de diversión, sino también una gran obra colectiva de artistas con fuerte personalidad. El encanto del recorrido de visita, salpicado de mosaicos, esculturas, curiosas instalaciones, nace precisamente de la perfecta fusión entre arte y naturaleza; su trazado sinuoso y la densa vegetación hacen que cada etapa aparezca por sorpresa, absolutamente inesperada. Así, poco después de la entrada, está el imponente Pinocho y la Hada, la escultura de bronce de 5 metros de altura de Emilio Greco, que resume el camino del muñeco y su metamorfosis en ser humano gracias a los auspicios del hada. O, agazapado entre el frondoso follaje, un elocuente Grillo Parlante de Pietro Consagra, con las patitas levantadas en tono amonestador. O también, en medio de una gran piscina bordeada de verde, un espantoso Tiburón de Marco Zanuso, con una fila de dientes afilados, listo para engullir cualquier cosa.
Pero el arte, en el Parque Collodi, no es todo; se realizan actividades culturales y lúdicas siempre nuevas y durante gran parte del año. Los animadores del grupo Nasolungo proponen talleres didácticos diferenciados por edades, con talleres de pintura y decoración; cuentos y mini magias en el Carromato de las Hadas; cuentacuentos y espectáculos de marionetas; fotos con disfraces en el Atelier de Pinocho y mucho más. Bajo las encinas, en las zonas destinadas al relax, no faltan bellas atracciones antiguas, perfectamente restauradas gracias al trabajo de hábiles artesanos. Y en el Laboratorio de las Palabras y las Figuras, uno puede sumergirse en las exposiciones de arte sobre Pinocho y en mil juegos, sonidos y fantasías inspiradas en el simpático muñeco. Si después de tanto jugar, el apetito se hace sentir, solo queda acomodarse en la Osteria del Gambero Rosso, cuyas pinzas, representadas por los arcos rojos del restaurante, son obra de Giovanni Michelucci.

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