El salmón, los mariscos, las arenques ahumados, los merluzas de Arbroath, la carne Angus de Aberdeen, el cordero de los Borders, la caza y las conservas son sólo algunas de las delicias que esta tierra tan noroccidental ofrece en la mesa.
Uno de los platos típicos por excelencia es el haggis, el estómago de oveja relleno con vísceras de ovino, cebolla, harina de avena y acompañado de bashed neeps, finísimas rodajas de nabo, y de chappit tatties, puré de patatas.
Otros platos de la gastronomía escocesa son el sheperd’s pie, carne de vacuno picada con puré de patatas y el cock-a-leekie, el estofado de pollo con puerros. También son excelentes los quesos, entre los cuales destacan el Lanark Blu de sabor muy intenso, el Caboc, cubierto de harina de avena y los de las islas Orcadas. En los postres triunfa la apple pie, la clásica tarta de manzana servida con custard, una crema caliente de vainilla.
En las últimas décadas, la restauración escocesa ha realizado esfuerzos más que apreciables para valorar y dar a conocer la calidad de sus productos básicos. El resultado es que, en general, no es difícil comer de forma satisfactoria, sea cual sea el nivel del local elegido, desde un restaurante de lujo hasta la posada más modesta. Por supuesto, también están muy extendidos los fast-food; mientras que para un almuerzo rápido (además de económico) son muy populares los chippie, los puestos de fish&chips, pescado con patatas, muy apreciados también por los turistas.
Los horarios de las comidas, especialmente en los restaurantes de pequeños pueblos y zonas periféricas, tienden a ser menos flexibles que en las grandes ciudades; entre las 17 y las 19 también es habitual servir una comida particular llamada high tea, que consiste en sándwiches o canapés con salmón, queso, jamón, huevos, paté, dulces, scones, galletas suaves y calientes hechas en casa y los imprescindibles shortbread, galletas hechas con harina de avena.

