Entre los muchos locales de Bolonia, son precisamente las viejas osterías (hechas famosas también por las canciones de Guccini, Dalla, Carboni y otros cantautores) las que encarnan el aspecto más típico y rústico de este culto, a pesar de que muchas hayan cerrado sus puertas bajo los golpes de la modernidad o hayan llegado a un acuerdo con la cocina habitual y la restauración convencional.
Compromisos aparte, sin embargo, ir de osterías en Bolonia sigue siendo muy agradable y, entre tantas, hemos seleccionado para ustedes aquellas “institucionales”, locales que los boloneses conocen desde generaciones y que continúan frecuentando por la atmósfera, el vino y la comida de calidad, unidos al placer de la compañía y los recuerdos.
Partiendo de via Altabella, a pocos pasos de la piazza Maggiore y de la torre homónima, encontramos de inmediato La Bottega del Vino Olindo Faccioli, el templo de los apreciados néctares emiliano-romañoles. La gestiona Carlo Faccioli, un propietario extrovertido y cordial, que con la ayuda de su madre Marina ha logrado convertirla en una enoteca-bar de vinos de alto nivel. Carlo es sommelier profesional y, como manda la tradición familiar, él elige personalmente los vinos y se encarga del embotellado, con etiqueta propia incluida. Fascinante también es la historia de esta Bottega.
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