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Las rutas de las cerezas de Vignola

No son muchos los que saben que las célebres cerezas de Vignola se producen no solo en los campos de la localidad de Módena, sino también en las colinas vecinas de Boloña, en el Valle del Samoggia, donde bautizan una rica y renombrada ruta de sabores.

Museo civico di Vignola
Anna Bruno
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Se trata de un territorio fascinante, definido por colinas suaves, manchas de bosque, espectaculares barrancos y ordenadas geometrías de viñedos y huertos frutales, que en las mesas regalan también toda la otra fruta típica de Vignola: ciruelas, albaricoques, melocotones, peras….

Aquí, donde durante siglos Bologna y Modena se enfrentaron en épicas batallas, como también relata el Tassoni, los cerezos encuentran un hábitat ideal, un microclima particular que, unido a la sabia mano del hombre, lleva todos los años, en esta temporada, a la recolección de sabrosos e irresistibles frutos rojos. Un producto de excelente calidad, que ya en la posguerra había conquistado los mercados del norte de Europa y que hoy, gracias también a la introducción de nuevas variedades y a la mejora de las técnicas productivas, se consolida como líder en el mercado.

El itinerario
Superado Casalecchio di Reno, a las puertas de Bologna, la carretera provincial Bazzanese ofrece la primera vista sobre las colinas y conduce rápidamente a Zola Predosa, una localidad con doble alma, agrícola e industrial, como sugiere la “Gran Rueda” del escultor Martani, que recibe a los visitantes en la entrada del pueblo.

Antes de buscar los cerezos cargados de frutos rojos, vale la pena, llegando por la mañana, hacer una dulce parada en el horno-pastelería Marsigli, donde, al entrar, se queda uno envuelto por el aroma de frescas tartas de cereza recién horneadas, pinzas y raviole (los tradicionales dulces boloñeses) rellenos de mermelada, pastas pequeñas decoradas con crema pastelera y duroni rubavista, tortas de fruta y mil otras delicias, incluidos los típicos azucarillos montañeses, hechos con harina, huevos y anís de Romagna.

Desde aquí hasta la Vecchia Malga, la tienda especializada en quesos y embutidos de la familia Chiari, otro nombre emblemático de la gastronomía local, hay poco camino. Las especialidades de la casa son las tartas de mascarpone artesanal decoradas con cerezas u otra fruta y con varias verduras, además de tominis rellenos, scamorzas muy frescas y un queso de pasta dura, madurado 24 meses, llamado “Re Nero”. Todos producidos en la quesería de Rocca di Roffeno, a 800 metros en el Apennino, rodeado de pastos biológicos, donde se crían vacas de raza Bruna Alpina. Antes de dejar el núcleo habitado de Zola Predosa, se recomienda también detenerse en la Agrícola Lodi-Corazza, donde se encuentra una tiendita de nombre atractivo: DeGusto, en la que Silvia Corazza, una de las propietarias, ofrece mermeladas, cerezas en aguardiente y en almíbar, pulpa de Duroni y de Morette, pulpa natural de ciruelas, zumos y ciruelas en almíbar, miel biológica y una selección de vinos D.O.C. de la empresa, entre ellos el típico Pignoletto, elaborado con uvas de la única variedad autóctona de la zona, que da un vino de color amarillo pajizo, aroma delicado y afrutado, sabor seco, armónico y bastante persistente. Perfecto con embutidos y tigelle, aperitivos de pescado, e incluso, según muchos, con el clásico tortellino.

Justo fuera del pueblo aparece el letrero de la Agrícola “Da Zia Polly”, gestionada por la señora Lucia Benini y su marido Giorgio, que cultivan en tres hectáreas árboles de cereza de todas las variedades, melocotoneros, ciruelos, albaricoqueros, fresas y verduras de temporada.

Además de las sabias técnicas de cultivo y del microclima favorable de la franja pedemontana, lo que hace excelentes estas cerezas es también la elaboración llamada “a la vignolesa”.

Ya desde la posguerra, nuestras cerezas habían conquistado los mercados del norte de Europa; los mayores todavía recuerdan los vagones de mercancías que transportaban a Inglaterra cestas llenas de frutos rojos entre enormes bloques de hielo>>.

Volviendo a la carretera provincial Bazzanese, solo queda seguirla sumergiéndose en un paisaje de líneas suaves, apenas animado por armónicas geometrías de viñedos y huertos frutales, por manchas boscosas y algún castillete, que testimonia las antiguas rivalidades entre Bologna y Modena. Pasado Bazzano, con su sugestiva Rocca Bentivoglio, sede de iniciativas culturales y del Museo Arqueológico “Crespellani”, el hilo conductor de la cereza conduce hacia Monteveglio, donde en la localidad de Oliveto se encuentra La Faggiola, una empresa agroturística especializada en producción de frutas, miel y cereales biológicos.

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