Así se presenta la cocina de las dos provincias autónomas de Bolzano y Trento, fuertemente alimentada por la tradición y la gastronomía tirolesas, que solo hacia el sur se suavizan un poco, abriéndose a influencias más italianas.
Los productos de los valles dolomíticos se encuentran un poco por todas partes, tanto en las casas como en los restaurantes: speck, sopas de cebada, canederli, ñoquis de harina, huevos y espinacas llamados spatzli. La carne salada del Trentino y el sabroso gulasch con reminiscencias austro-húngaras. Platos de caza como la silla de corzo acompañada de setas y polenta; el asado, la tagliata o el tartar de ciervo. De los valles más meridionales provienen quesos de excelencia, como el Puzzone di Moena, el Grana Trentino y la Spressa.
En cuanto a vinos, Alto Adigio y Trentino representan un pequeño eldorado y sus weinstrasse, los itinerarios del vino, están entre los más populares de Europa: blancos, tintos y rosados expresan un cuerpo y un carácter particulares, resultado no solo del trabajo del hombre, sino también de una mezcla climática-territorial que caracteriza estas tierras protegidas por las Dolomitas.
Direcciones para buena comida son La Siriola en San Cassiano; Ciastel Colz en La Villa y La Stua de Michil, en Corvara. Todos en Val Badia, un valle que cuenta con varios restaurantes con estrellas Michelin. Zur Rose en San Michele Appiano; la Malga Ces en San Martino di Castrozza; la Osteria A Le due Spade y Il Ristorante Duomo, en Trento.

