Primer día en Nápoles: del Duomo a la Iglesia de Santa Clara
La visita puede empezar en el corazón histórico de Nápoles, justo en el Duomo, majestuoso e imponente, mandado construir a finales del siglo XIII por Carlos de Anjou. En la capilla de San Gennaro, la más visitada, se conserva un busto relicario en plata del santo patrono. Aquí también se guarda la famosa ampolla con su sangre, que se expone dos veces al año—el primer domingo de mayo y el 19 de septiembre (fiesta patronal)—para presenciar el milagro anual de la licuefacción.
Un ritual que lleva más de seiscientos años repitiéndose. En esta zona, entre Anticaglia y via dei Tribunali, bajo tierra se extiende Napoli Sotterranea (Nápoles subterránea, siglo I a.C.), con entradas como el claustro de San Lorenzo Maggiore o por el lateral de San Paolo Maggiore. A varios metros de profundidad se descubren antiguos acueductos, talleres, panaderías, mercados, erarios y catacumbas excavados en toba, usados incluso como refugios antiaéreos durante la Segunda Guerra Mundial.
De regreso a la superficie, merece la pena pasear entre los muchos edificios religiosos: la iglesia de Santa Maria Maggiore (siglo VI) con su campanario románico; la renacentista Cappella Pontano; San Paolo Maggiore, edificada sobre un antiguo templo pagano; San Lorenzo Maggiore de estructura medieval y la iglesia de los Girolamini, con su extraordinario complejo conventual.
Spaccanapoli
Entramos en Spaccanapoli, barrio tradicional que coincide con el decumano inferior de la antigua ciudad grecorromana. Además de la célebre San Gregorio Armeno, la calle de los artesanos del belén, no te pierdas joyas como la Cappella Sansevero del siglo XVIII, con la escultura del Cristo Velato, obra maestra de Giuseppe Sanmartino; la iglesia de San Domenico Maggiore (siglos XIII-XIV), con su preciosa plaza y la aguja votiva levantada tras la peste de 1656. Y la encantadora piazzetta Nilo junto a la iglesia de Sant’Angelo del siglo XV.
Si avanzas hacia el sur, llegarás a otro lugar querido por los napolitanos: la Iglesia de Santa Clara, mandada edificar en 1310 por los monarcas de Anjou como sepulcro familiar. Sus líneas góticas originales permanecieron ocultas bajo estuco barroco hasta que un incendio en 1943 permitió su recuperación. Impresiona su claustro dieciochesco de las Clarisas, decorado con pilares y bancos forrados de mayólicas pintadas.

Segundo día en Nápoles: de Piazza del Plebiscito a Capodimonte
Siguiendo hacia el sur, en dirección a Piazza del Plebiscito, llegas a la Nápoles moderna, de grandes espacios y arquitectura luminosa. Ejemplo de ello es la columnata semicircular de San Francesco di Paola y el Palacio Real, ícono de la Nápoles que en 1734 se convirtió en capital del Reino de las Dos Sicilias.
Teatro San Carlo y Galleria Umberto I
No te pierdas su majestuosa escalera y el teatrino de la corte. Muy cerca está el Teatro San Carlo, inaugurado el 4 de noviembre de 1737, considerado el teatro de ópera en funcionamiento más antiguo del mundo. Enfrente se abre la Galleria Umberto I, el salón social más elegante y representativo de la ciudad, cuyo sótano (Salón Margarita) fue cuna del vodevil y la Belle Époque napolitana.
El paseo por el centro termina en la Piazza del Municipio, frente a la imponente silueta del Maschio Angioino (Castel Nuovo) y el majestuoso Arco Aragónes (1443). Tampoco puede faltar la subida en funicular a la colina del Vomero, donde se encuentran Castel Sant’Elmo—con sus impresionantes vistas—, la Certosa barroca y el Museo de San Martino con su exclusiva colección de belenes napolitanos.
Y para terminar, nada mejor que un paseo junto al mar, de Santa Lucia al Porto Sannazzaro, pasando ante el Castel dell’Ovo y una visita al Palacio de Capodimonte con las pinturas de la colección Farnese y el mayor parque verde de la ciudad.

