Lo que algunos llaman con desprecio “arte psicopatológico” no es más que la materialización de esos sentimientos y sensaciones que estarían presentes en cada uno de nosotros, sin condicionamientos culturales, sociales o religiosos.
En un museo de art brut hay una extraña y inquietante familiaridad con las obras expuestas. Se trata de obras realizadas sin un ápice de conocimiento técnico y muy a menudo utilizando solo materiales improvisados. Los autores son en su mayoría inadaptados, marginados y psicópatas, pero también hay reclusos, gente tendencialmente antisocial, vagabundos. Todos personajes que tienen en común una “locura lúcida”, una inquietud interior más evidente o más cultivada que en otros.
No debe confundirse el art brut con el arte naif. Este último se dirige a un mercado, tiene técnicas y cánones que seguir, mientras que el art brut es para sí mismo, es una especie de diario personal, un mundo absolutamente privado. Por eso el acercamiento a las obras debe ser con humildad y sin crítica.
La gran creatividad y la vigorosa imaginación de estos artistas provocan una violenta ruptura con la realidad cotidiana, y traducen en términos prácticos el lado “bueno” de la palabra “locura”. Un término con doble significado: constructivo y creativo o potencialmente peligroso para la colectividad, y no solo en sentido físico sino sobre todo moral. Según la cultura occidental, la única locura aceptable y justificada es solo la que se encuentra en el mundo del arte. Pero aquí estamos más allá de la locura. El art brut se sale de cualquier carril y naturalmente es acogido con avidez por psicoterapeutas y psiquiatras, que ven en él grandes posibilidades de investigación.
¿El arte para el negocio o el arte por el arte?
El creador del Museo del Art Brut fue el francés Jean Dubuffet. Un día se planteó la pregunta: ¿qué debo esperar del arte? ¿solo belleza estética? ¿o acaso objetos para decoración? Pero pronto se convenció de que su viaje sería “mucho más largo y aventurero”, en busca de una ruptura profunda con las normas que establecían los cánones artísticos y que ataban a procedimientos solo oficialmente reconocidos. Los frutos de esa búsqueda, que duró toda una vida, se recogieron en un museo muy especial, la Colección del Art Brut de Lausana en Suiza.
El Art Brut es un museo único en su género que recoge obras de artistas de todo el mundo, unidos por las “no normas” propias de este tipo de arte. Justamente en Suiza Dubuffet comenzó, en 1945, la investigación y la recopilación de “producciones de arte extraculturales”. Con el tiempo logró reunir más de 1200 obras realizadas por artistas de distintas nacionalidades y en 1967 expuso una parte en el museo de Artes Decorativas de París. En 1976 la colección fue trasladada de Francia a Suiza y se inauguró la Colección del Art Brut de Lausana.
Dos representantes del Belpaese
Entre las obras de la colección están las esculturas de Filippo Bentivegna, nacido en 1885 en Sciacca, Sicilia. Un personaje muy original, zahorí, emigrado por 20 años a Estados Unidos y amante de la madera, especialmente de la nudosa con la que elaboraba esculturas de figuras equívocas y metamorfosis inesperadas. Y luego están las obras de Carlo, nacido en 1916, originario de S. Giovanni Lupatolo, un pequeño pueblo de la provincia de Verona. Desde 1957 Carlo dedicó todo su tiempo al dibujo. Hombre solitario con un perro de compañero, fue reclutado y enviado al frente desde donde volvió en estado de shock. Con el tiempo su situación empeoró y, dado que sufría visiones y manías persecutorias, fue internado en el hospital psiquiátrico de Verona.
Hoy Filippo y Carlo son respetados y admirados. En el museo del Art Brut de Lausana.

