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Lausana, capital olímpica

En Lausana reinan la solidaridad, la amistad y el respeto mutuo. Estos son los sentimientos que hace 25 siglos impulsaron a los griegos a organizar los primeros Juegos Olímpicos.

Anna Bruno
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Y de la competición deportiva que enfrentaba a atletas y equipos de cada nación, nació un movimiento intelectual, el “Olimpismo”, con la idea de que el intenso intercambio cultural y artístico propio de las manifestaciones deportivas, pueda llevar a la comprensión y la lealtad entre los Estados.
El antiguo “Olimpismo” fue retomado por el barón Pierre de Coubertin en 1892, quien decidió revivir los Juegos Olímpicos. El 22 de junio de 1894 en la Sorbona de París se constituyó el Comité Olímpico Internacional, y en 1896 se jugaron los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna en Atenas, del 6 al 15 de abril. Los objetivos del Comité Olímpico eran tanto de carácter organizativo como divulgativo. A través del Comité se promovían los programas culturales ligados a las diversas ediciones de los juegos.
Unos años después, la sede del COI se trasladó de París a Lausana, y desde 1915 se recoge y archiva todo el material referente a los juegos. En 1982 se inauguró un museo provisional con un centro de estudios anexo, y el 23 de junio de 1993, con motivo del Día Olímpico Internacional, se inauguró el “Museo Olímpico”, una estructura única en el mundo por su género. El Museo (la superficie total del edificio es de 11.000 m²) es obra de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez (México) y Jean-Pierre Cahen (Suiza), quienes siguieron un estilo “clásico-moderno” con intencionales evocaciones a la Grecia antigua. La estructura museística está construida en una pendiente y se desarrolla en cinco niveles. Dos plantas están por debajo del nivel del suelo, y las otras tres siguen la pendiente del terreno mediante terrazas. El parque (público) en el que se construyó el museo se extiende sobre 23.220 m² y da al lago de Ginebra y a los Alpes de Saboya. Ocho columnas de mármol blancuísimo provenientes de la isla de Tasos, regalo del gobierno griego, simbolizan el templo de Zeus y dibujan la entrada a la estructura. En el interior del museo, 3.400 m² (en dos niveles) están reservados para la exposición permanente de la colección (material gimnástico, medallas olímpicas, antorchas olímpicas de todos los juegos modernos, objetos de arte y arqueología, una colección filatélica y una colección numismática), mientras que el espacio restante acoge una biblioteca especializada (15.000 volúmenes), un auditorio para 180 personas, una fototeca (200.000 fotos), un archivo de filmaciones para 7.000 horas de proyección, un archivo de documentos en papel, una boutique y una cafetería. También está la colección más completa de sellos y monedas acuñadas con ocasión de los juegos.
La puesta en escena es de los museólogos Iker Larrauri y Jorge Agostoni, y del director responsable Luis Monreal. También la tecnología es protagonista en la estructura. Se usa mucho la televisión de alta definición, discos láser y fibra óptica, y gracias al uso de ordenadores y robots es posible gestionar simultáneamente las enormes cantidades de información gráfica y filmada que solicitan los visitantes. Los sofisticados sistemas telemáticos y multimedia se utilizan también para la adquisición de la información relacionada tanto con los juegos olímpicos como con temas estrictamente relacionados.
Obras de Botero, Rodin, Tapies, Berrocal, Chillida están dispersas un poco por todas partes, y en la entrada la llama olímpica, permanentemente encendida, brilla en una vasija de granito diseñada por André Ricard.

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