Todo empezó con “Downton Abbey”. El éxito mundial de esta serie de época—donde las mansiones espectaculares son protagonistas—abrió paso a muchos otros títulos, como la popular “Bridgerton” o la reciente “The Gilded Age”, por citar solo algunos ejemplos.
Además de los guiones y del trabajo de los actores, parte del encanto está en sus salones majestuosos, escalinatas imponentes, jardines de cuento, camas con dosel y detalles de aire principesco. La tentación de pasar aunque sea una noche en lugares insólitos es irresistible, e Irlanda es el destino ideal para cumplir ese deseo, gracias a sus magníficos castillos, fincas y casas históricas transformadas en hoteles de encanto únicos.
La lista es larga y sorprende encontrar tantos lugares especiales en un país relativamente pequeño, ideales incluso para jugar al golf. Pero si hubiera que elegir, aquí tienes 8 castillos que reúnen las tres “S” imprescindibles: estilo, historia y sorpresa.
Con una finca de 10.500 hectáreas, el premiado Ashford Castle presume de más de 800 años de historia y es uno de los destinos de lujo más emblemáticos de Irlanda. Cada detalle refleja hospitalidad cinco estrellas en un entorno antiguo y elegante: mobiliario de época, papeles pintados y decoraciones en armonía, el estilo refinado de su spa y el glamour del Connaught Room, donde se puede cenar o disfrutar de un afternoon tea. El golfista Rory McIlroy, número uno en el mundo, eligió este castillo para su boda (el campo de golf es fantástico) y entre las actividades también destaca la cetrería.

Considerada una de las casas históricas más bonitas de Irlanda (fue comprada en 1765 por la familia White, que la ha mantenido impecable), Bantry House destaca también por sus espectaculares vistas a la bahía homónima, en la Wild Atlantic Way. Hay modalidad bed & breakfast o apartamentos con cocina propia, perfectos para probar la mejor oferta gourmet irlandesa. Al estar todavía habitada (solo un ala se destina a alojamiento), la sensación de estar en un lugar auténtico es total. Es famosa por sus elegantes jardines y es el escenario perfecto para una noche verdaderamente inolvidable.

El imponente Dromoland Castle, convertido en hotel cinco estrellas, fue la residencia de la familia O’Brien, a la que pertenecía Brian Boru, uno de los últimos reyes supremos de Irlanda. Su elegante mobiliario y exquisita gastronomía son solo algunas de las razones para quedarse. Su finca de 160 hectáreas y su campo de golf de 18 hoyos, firmado por Rob Kirby y JB Carr, son grandes atractivos. Detalle romántico: su lago privado refleja uno de los laterales del castillo. Es un destino romántico y sostenible (en la web del restaurante gourmet Earl of Thomond encontrarás a los proveedores locales), y merece la pena hasta para disfrutar de un afternoon tea.

Si prefieres una mansión de ambiente señorial y aire neoclásico, en plena campiña irlandesa, Ballyfin Demesne, en pleno corazón verde de Irlanda (Ireland’s Hidden Heartlands), es la opción ideal. Siempre admirada como la mansión Regency más bonita del país, tras una cuidada restauración ha reabierto sus puertas con espacios imponentes, refinado mobiliario y detalles únicos. Su localización, al pie de las montañas Slieve Bloom, también suma encanto. No falta su lago privado y, gracias a su combinación de ambiente antiguo y servicios actuales (zonas wellness, gimnasio, piscina cubierta), la estancia resulta muy especial. A destacar: los productos de la finca en la cocina y el invernadero-jardín para compartir momentos únicos.

En el mágico cinco estrellas Lough Eske Castle (el único del condado), su torreón almenado destaca enseguida. El edificio se remonta al siglo XV y la experiencia de dormir aquí va unida a esa atmósfera histórica. El verde de los prados y el azul de Lough Eske crean un marco impresionante. La excelencia de su spa merece mención especial, con vistas al exterior. El Lake Lodge, una casita privada de 1861 completamente equipada (incluida cocina de roble), es perfecto para pequeños grupos que buscan exclusividad. Y si deseas comodidades de hotel, solo tienes que pedirlo.

Ballynahinch Castle es el ejemplo perfecto de lujo discreto, herencia y estilo. Muy valorado por los lectores de Condé Nast Traveler e incluido en Relais & Chateaux, este castillo del siglo XVII está rodeado de una naturaleza salvaje y lagos perfectos para pescar (es parte de las Great Fishing Houses of Ireland). Sus vistas sobre los bosques y el lago son sobrecogedoras. Recomendamos cenar o tomar algo en el Fisherman’s Pub, un símbolo de todo lo bueno del Connemara.

Glenarm Castle & Garden es una joya auténtica, rústica y cercana a Belfast, donde puedes vivir una experiencia exclusiva durmiendo en su Barbican Gate (su torre), que ofrece un coqueto apartamento con terraza, con vistas al castillo y a la costa de Antrim. Oasi de paz, invita a relajarse y a probar productos locales de la finca, o dejarse mimar por la cafetería, famosa por sus dulces artesanales y excelente café (el cappuccino y el afternoon tea merecen la pena). Su jardín histórico, de finales del siglo XVIII, es ideal para pasar el día.

En esta mansión, rodeada de la naturaleza de Fermanagh Lakelands, se respira un ambiente verdaderamente auténtico; de hecho, sigue siendo residencia de Lord y Lady Erne. Para disfrutar plenamente de sus torres de cuento, puedes alquilar el ala oeste –incluye cocina y opción de chef privado–. Su estilo, conservación y vistas sobre Upper Lough Erne han hecho que aquí se rueden varias producciones, incluida la serie “Blandings”.


