En la capital, Milán, se disfrutan sabores muy variados, desde los típicos, fruto de recetas antiguas, como mondeghili (sabrosas albóndigas), risotto con ossobuco, cassoeula, pan de mej (dulce de harina amarilla), hasta los de otras cocinas regionales y los de todos los rincones del mundo.
Lejos de la metrópoli, en cambio, se expresan las sólidas y robustas tradiciones locales: en Valtelina, tierra de grandes vinos tintos y quesos apreciados como el Bitto, predominan la bresaola, los pizzoccheri y los asados de ciervo. En la franja pre-montañosa de Bérgamo y Bresciano, son protagonistas los casoncelli (raviolis cuadrados rellenos de carne), la polenta, el ternero al aceite de Rovato.

