Largo, entonces, a las anchoas rellenas, a las sepias con verduras, a las ensaladas tibias de pulpo y patatas. Todo ello enriquecido con el exquisito aceite de oliva virgen extra de bouquet ligero y afrutado, uno de los orgullos de las mesas regionales, junto con los vinos blancos frescos, como Pigato, Vermentino y Bianchetta. Pero también espacio para sabores más terrenales, como trofie y trenette al pesto, raviolis rellenos de borraja, pansoti en salsa de nueces, conejo a la ligur, acompañados de verduras insuperables como las alcachofas o los espárragos violetas cultivados en la llanura de Albenga.
Mención aparte merece la fragante albahaca para el inimitable pesto. Y las focaccias y farinatas de garbanzo, que cada panadería que se precie hornea a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde.
Quienes busquen sabores de montaña pueden hacer una parada en el Valle Argentina o en el Alto Val d’Aveto, donde predominan los porcini, caracoles, castañas, frutos del bosque, pan cocido en hornos de leña, tartas de patata y de hierbas, y otras exquisiteces típicas del Apenino.

