La irregular explanada de piazza San Gaetano es lo que queda de un espacio abierto mucho más amplio que correspondía al centro civil y religioso de la antigua ciudad. Esta zona siempre se ha identificado como el Foro de época romana, que coincidía a su vez con la ágora de la ciudad griega.
Las excavaciones arqueológicas han demostrado que el diseño romano, del siglo I d.C., seguía un trazado aún más antiguo. Ya en el siglo V a.C., en el corazón del asentamiento grecorromano, se había construido una plaza que, aprovechando la pendiente de la colina, se distribuía en dos niveles, arriba y abajo de la plateia (más tarde decumanus maximus, la calle principal y actual Via Tribunali). Para ello fue necesario construir muros de contención y una escalera monumental que unía la zona baja, dedicada al comercio, con la zona alta, reservada a funciones políticas.
Hoy, bajo la iglesia de San Lorenzo Maggiore, se extiende una auténtica área arqueológica a unos 10 metros de profundidad. En el claustro dieciochesco se puede ver parte del macellum, el mercado romano, del siglo I d.C.: un espacio porticado rectangular con tiendas, un patio pavimentado con mosaicos y en el centro una tholos, edificio circular para la venta de alimentos. Los niveles más profundos del yacimiento ayudan a comprender la compleja evolución de toda la zona.
De época griega es el trazado de una calle, el stenopos, después denominado cardo (eje) de Neapolis, visible bajo el crucero de la iglesia y cubierto por un pavimento del siglo V d.C..
La antigua vía discurría por el lado este de un edificio romano articulado en tres alas, que además sostenía la terraza superior donde se ubicaba el mercado, delimitando también la parte baja del Foro.
La construcción constaba de nueve tiendas (tabernae), cada una formada por dos estancias abovedadas abiertas a la calle, dedicadas a actividades comerciales y artesanales: se han encontrado un horno y piletas para teñir tejidos. Al final del cardo, a la derecha, se llega al criptopórtico (mercado cubierto), dividido en pequeños recintos con mostradores de obra para la exposición de los productos.
Solo tres de estos recintos eran diferentes, posiblemente el erarium, donde se custodiaba el tesoro de la ciudad. Esta organización se mantuvo hasta finales del siglo V d.C., cuando las crecidas colmaron la zona y dieron paso a transformaciones que culminaron en el siglo XIII con la construcción del convento y la basílica gótica, que sellaron los restos anteriores.

En los últimos años, al recorrido habitual se ha añadido una nueva sección en conexión directa con el área ya visitable, a través de un pasaje del pórtico: un itinerario evocador que devuelve unidad al antiguo edificio.
En esta nueva zona se puede admirar, en una gran sala, una imponente obra hidráulica de época tardo-helenística, diseñada para canalizar el agua aprovechando las pendientes naturales. Le siguen tres amplias salas abovedadas comunicadas entre sí y pavimentadas con mosaicos, de las cuales la central alberga una gran fuente-piscina.
En este elegante edificio descubierto en el sector suroeste del complejo, según los primeros estudios, es posible que se tratara de una schola, sede de corporaciones religiosas o artesanales.
El edificio, de planta articulada, se diferencia de los ambientes comerciales anexos tanto por su mayor antigüedad como por la riqueza de sus decoraciones murales y pavimentales. Junto al área de excavaciones se encuentra el Museo dell’Opera di San Lorenzo Maggiore, albergado en los ambientes del siglo XVI que rodean y dentro de la Torre Cívica anexa a la Basílica.
El museo presenta un auténtico recorrido por la historia de Nápoles desde la época clásica hasta el siglo XIX. La exposición, organizada cronológicamente, recorre desde hallazgos griegos a los romanos (época republicana e imperial); restos tardoantiguos, paleocristianos y bizantinos; testimonios del Alto Medievo, de las civilizaciones Sueva y Normanda, también de las épocas angevina y aragonesa, para concluir con las salas dedicadas a los pastores del siglo XVIII y XIX de la prestigiosa colección del convento.
Las piezas se presentan en su contexto original, para facilitar la comprensión de lo expuesto y recrear los espacios, la luz, la perspectiva y la finalidad para la que fueron creados.

