Con un estilo moderno y lujoso para aquella época, el teatro Duse fue reinaugurado el 7 de noviembre de 1904. De la intervención de Colliva, el teatro conserva muy poco actualmente. El 25 de diciembre de 1945 (con la representación de Rigoletto) reabrió al público con su actual aspecto, muy sencillo y sin las decoraciones originales; además, los elegantes balcones fueron transformados para dar lugar a dos amplias galerías. Sin embargo, en este escenario continuaron alternándose las compañías de prosa y revista más famosas, cantantes de música clásica y ligera y bailarines reconocidos, perpetuando la afortunada temporada iniciada por Emilio Brunetti.
La historia del Teatro Duse de Bolonia
Desde mediados del siglo XVII existía, en el antiguo palacio del Giglio situado en via Cartoleria Vecchia, una sala teatral utilizada por los internos del Collegio dei Nobili dedicado a S. Francesco Saverio. Los alumnos representaban allí las funciones de carnaval y las academias de fin de año. Afirma Marina Calore en el estudio más reciente y amplio que se ha hecho sobre este teatro: “Para todas estas exhibiciones ante un público selecto de invitados, es razonable suponer que se utilizaba una sala teatral (y para las “artes marciales” también una “cabalística”) amplia y bien equipada, dado que las representaciones, según deducimos de los “argumentos” o “escenarios” impresos, preveían la presencia en el escenario de muchos personajes, el uso de escenografías complejas y variadas y el acompañamiento de una pequeña orquesta” (cit. Calore 1990, p. 88). No se ha conservado descripción alguna sobre dicha sala, lo que sugiere que debía ser bastante anónima.
El teatro (llamado S. Saverio) aparece en 1806 en la lista compilada por orden del Prefecto del Departamento del Reno, junto con otras tres salas privadas bolonesas usadas por compañías amateurs: el teatro Taruffi, el teatro Felicini y el teatro Legnani. En 1822 fue comprado por Antonio Brunetti, quien evidentemente lo encontró en condiciones de uso y lo alquiló para espectáculos de marionetas, muy populares en la época. En la primavera de 1830, el propietario, que era ingeniero de profesión, emprendió una obra radical de restauración y ampliación del teatro. Su intención era cambiar su estatus para poder exigir el pago de entrada al público que asistiera a las funciones, es decir, obtener la calificación de “venal”, para la cual el teatro debía cumplir ciertos requisitos.
Las obras terminaron a finales de ese mismo año y la inauguración se realizó con la obra dramática Amore e crudeltà. En la crónica de un periódico de la época se indica que el teatro tenía planta rectangular, con catorce palcos (dispuestos en tres órdenes frente al escenario), cuatro de los cuales constituían la entrada a rejas situadas a ambos lados de la sala, al mismo nivel que los palcos (cfr. Calore 1988, p. 88 y nota 6). El interior de los palcos, las barandillas, rejas y el techo del teatro parecen haber sido pintados con buen gusto y elegancia. El escenario contaba con varios decorados obra de artistas talentosos, aunque desconocemos su identidad. Pero a pesar de los grandes esfuerzos de Antonio Brunetti, el teatro no obtuvo la calificación de “venal”. La inspección del técnico municipal y del representante de la Noble Diputación de Espectáculos fue positiva respecto a las estructuras, pero la Diputación dio un juicio desfavorable. Se criticó principalmente la ubicación desafortunada, y además se observó que no era conveniente abrir otro teatro dado que la ciudad ya tenía suficientes. Mientras tanto, en esta sala teatral se realizaron representaciones con fines filantrópicos por parte de compañías amateurs, particularmente activas en ese periodo (1831) marcado por los movimientos insurreccionales y el compromiso civil.
Se recuerdan en particular un Filippo de Vittorio Alfieri representado por Antigono y Agamennone Zappoli y una Antígona interpretada por Annina Ghirlanda. Mientras tanto, Brunetti obtuvo algunas excepciones a la prohibición impuesta por la Diputación para dar espectáculos de pago. En particular, el teatro fue gestionado durante cuatro años por el famoso titiritero Onofrio Samoggia, quien había alcanzado un alto nivel en esta arte. Tras diversas vicisitudes (el teatro había sido heredado por los sobrinos de Antonio Brunetti: Cesare y Emilio) se llega a 1860. La situación política cambiante fue decisiva para el destino de este lugar teatral.
La Junta de Gobierno provisoria fue mucho más favorable con los teatros, por lo que la enésima solicitud para operar como teatro de pago fue aceptada tras la ejecución de obras urgentes de restauración, que se realizaron rápidamente, permitiendo la reapertura el 11 de febrero de 1860 con una ópera. Sin embargo, todo el edificio requería una intervención global pues era demasiado modesto, sucio, mal iluminado y carecía de instalaciones auxiliares adecuadas.
Por ello, en 1863 comenzó la obra. Emilio Brunetti, apasionado del mundo del espectáculo y ya comprometido a fondo para mejorar la suerte artística del teatro familiar, invirtió grandes recursos para que la nueva sala fuera moderna y confortable. El teatro reabrió el 18 de febrero de 1865 con una fiesta de máscaras que cosechó unánime aceptación. La sala tenía dos órdenes de galerías y un anfiteatro sostenidos por esbeltas columnas de hierro, las decoraciones pictóricas fueron obra de Valentino Solmi y Gaetano Lodi. Además, en el techo de la platea se abría un lucernario móvil de cristales, contaba con un moderno sistema de iluminación a gas (fue el primer teatro de Bolonia en tenerlo) y un sistema de calefacción mediante radiadores ubicados en los sótanos, así como una caja armónica situada bajo la orquesta. Finalmente, disponía de un amplio foyer en el primer piso.
Desde el 25 de marzo de ese mismo año, las funciones comenzaron a sucederse frenéticamente, primero con la actuación de la compañía acrobática Ciniselli, luego con óperas: Norma, Un baile de máscaras, El barbero de Sevilla hasta finales del verano, gracias a la presencia del lucernario móvil. El teatro vivió en esos años un notable éxito gracias sobre todo al dinamismo de Emilio Brunetti, que sabía elegir bien los espectáculos dirigidos a un público popular, para divertir y educar al mismo tiempo. En 1873 el teatro fue cerrado nuevamente para obras de reordenamiento que fueron bastante costosas, tanto que se desató una disputa entre los dos hermanos propietarios, y como consecuencia pasó a administración controlada.
No obstante, el teatro inició una fase muy prestigiosa. Precisamente en 1873 comenzó la temporada de opereta destinada a tener mayor espacio. Posteriormente, desde 1879, se realizaron los llamados conciertos populares, en los que directores de orquesta competentes daban a conocer al público los avances de la música instrumental europea (cfr. Calore 1990, p. 93). El 6 de noviembre de 1878 el rey Umberto I y la reina Margarita, invitados por la Sociedad Obrera y Artesana de Bolonia, asistieron a una función en este teatro. Además no faltaron conferencias dictadas por personajes ilustres como Crispi y Carducci. Finalmente, en marzo de 1882 actuó la gran Sarah Bernhardt, que conquistó al público con La Dame aux camélias y Frou-Frou. A finales del siglo, el teatro fue comprado por Cazzani y Lambertini (este último también propietario del teatro del Corso), quien decidió cambiarle el nombre dedicándolo a Eleonora Duse. La ceremonia tuvo lugar el 12 de junio de 1898 con un famoso discurso de Enrico Panzacchi, seguido por las representaciones de El sueño de D’Annunzio y La locandiera de Goldoni.
Poco después falleció Lambertini y el teatro fue comprado por Re Riccardi, para volver a ser restaurado según el proyecto del arquitecto Lorenzo Colliva. Durante esta intervención se elevó el edificio para ampliar las galerías superiores, se reformó el boca de escenario, se construyeron nuevas escaleras para mayor comodidad y seguridad del público, se introdujo la instalación eléctrica y se renovaron las decoraciones realizadas por Trebbi y Bazzani. (Lidia Bortolotti)

