Cada año es el alcalde de la ciudad bávara quien tiene el honor de inaugurar la fiesta con la apertura del primer barril de cerveza. Todo se lleva a cabo en el stand Schottenhamel al grito de “O’zapft is!”, en dialecto bávaro, cuyo significado es incomprensible para los numerosos extranjeros que llegan aquí cada año de todo el mundo.
En realidad, ya desde el mes de agosto en toda Alemania se suceden fiestas de la cerveza, pero el clímax se vive precisamente en Múnich, donde la fiesta recibe el nombre de “Wiesn“.
Los orígenes de la fiesta (erróneamente llamada Oktoberfest por algunos) se remontan al lejano 1810, año en que se celebró el matrimonio de Ludwig I (entonces príncipe heredero) con la princesa Therese von Sachsen-Hildburghausen (Teresa de Sajonia). La fiesta gustó mucho a los habitantes bávaros, tanto que quisieron repetirla cada año. Así, una gran explanada en las afueras de la ciudad, desde hace casi dos siglos, es ocupada por turistas provenientes de todo el mundo (seis millones cada año son los entusiastas que participan).
Durante la fiesta hay diversas atracciones como carruseles antiguos y nuevos, y naturalmente los stands de las cervecerías Löwenbräu, Augustinerbräu, Hackerbräu, Paulanerbrauerei, Spatenbräu, Hofbräuhaus y otras, donde es posible degustar también los platos típicos bávaros.
No hay que perderse el desfile de las cervecerías, el desfile en trajes típicos y el gran concierto en Theresienwiese de las bandas musicales. Todos los stands están montados por las principales empresas cerveceras presentes en Múnich. Todos los stands sirven cerveza hasta las 22:30, excepto el último día, cuyo horario de cierre se pospone una hora (23:30). La entrada al área es gratuita.

