Fue en julio de 1997 cuando la empresa Borden intentó salvar la histórica fábrica de espaguetis Prince situada en Lowell, en el Massachusetts.
Prince era un recurso económico que daba trabajo a muchos habitantes de la localidad, tras haber trasladado su sede desde la Little Italy de Boston – el North End – en 1939. La fábrica en Lowell ocupaba el área terminal de Prince Avenue y Prince Court. En aquella época, la gente identificaba las estrechas calles antiguas del barrio italiano de Boston, con el niño Anthony usado en la publicidad de la pasta mientras corría a casa porque “Wednesday is Prince Spaghetti Day.”
Empleados e inversores de Borden intentaron sin éxito comprar la planta de fabricación de espaguetis que en Lowell era la más grande de los Estados Unidos y estaba compuesta por seis fábricas que vendían espaguetis en 38 estados americanos. Lowell era la Spaghettiville de América.
La historia de la pasta en Boston
La historia de la pasta está estrechamente ligada a las vicisitudes de los italianos a finales del siglo XX, cuando el North End de Boston se convirtió inexorablemente en la Little Italy. Veinticinco años antes este barrio estaba lleno de irlandeses a los que siguieron los judíos, especialmente familias provenientes del este europeo.
Estos dos grupos étnicos prosperaron hasta el punto de establecerse en otras zonas urbanas, menos congestionadas. En 1930 más de 44.000 italianos vivían apelotonados en el North End, tanto que su densidad se consideraba mayor que la de Calcuta. Los inmigrantes italianos que vivían en el barrio trabajaban en los mercados, panaderías, sastrerías, tiendas de calzado o eran pescadores.
En 1912, tres sicilianos unieron fuerzas para abrir un negocio de producción de macarrones y espaguetis. Gaetano LaMarca era el administrador, Giuseppe Seminara el vendedor y Michele Cantella el fabricante de pasta. Estos empresarios no podían imaginar que la pequeña empresa se convertiría en la mayor fábrica de pasta de los Estados Unidos. Le dieron a la empresa el nombre de la dirección donde se encontraba, 92 Prince Street. La pasta Prince tuvo tanto éxito que en 1917 los propietarios construyeron un edificio de siete pisos cerca de la Commercial Street en el North End de Boston, con una descarga de mercancías por ferrocarril que accedía por detrás, entregando directamente la harina de sémola a la fábrica.

A pesar de la Gran Depresión, la pasta Prince tuvo su auge y en el transcurso de veinte años necesitó más espacio. Por ello fue trasladada a Lowell en 1939. Al año siguiente, un nuevo inmigrante llegó desde Sicilia a Massachusetts con la intención de comprar una fábrica de pasta: Giuseppe Pellegrino, de 34 años, quedó tan impresionado por la nueva fábrica Prince en Lowell que se estableció allí, trabajando como asistente de los fundadores.
En sólo un año hizo tanto dinero como para permitirse comprar la fábrica. Pellegrino tenía una ética de trabajo extraordinaria, con energía ilimitada y un talento para la publicidad. Empezó con una campaña de promoción. Como los macarrones y espaguetis se consideraban comida étnica, se centró especialmente en los periódicos italianos.
La Pasta Prince se convirtió en marca
En el North End de Boston, el miércoles es día de Spaghetti Prince
En esos tiempos, los espaguetis se interpretaban como comida de los pobres inmigrantes y de las clases trabajadoras con presupuesto limitado. Pero a principios de los años 50 Pellegrino decidió que era momento de lanzar la pasta a los no italianos y contrató una agencia publicitaria de Boston para producir un anuncio de radio que haría de Prince Pasta una marca familiar. Así nació el eslogan que causó impacto: “In the North End of Boston, Wednesday is Prince Spaghetti Day.” (en el North End de Boston, el miércoles es día de Spaghetti Prince).
En realidad, en Italia la pasta era la comida de casi todos los días, pero en América las familias de emigrantes italianos cocinaban pasta sólo los domingos y al día siguiente comían las sobras. El equipo creativo pensaba que las familias católicas comían pescado los viernes. Por eso eligieron un día cualquiera a mitad de semana. Pero la publicidad no estaba dirigida a la gente del North End, sino a esos americanos que no comían mucha pasta y a quienes se quería estimular a comer más.
En 1969 fue otro anuncio exitoso. El niño de doce años del North End de Boston – Anthony Martignetti – fue abordado por un equipo de grabación televisiva mientras estaba en la esquina de su casa. Accedió a ser filmado mientras corría por las estrechas calles y aceras del North End para llegar a casa y sentarse a la mesa. Cuando se emitió el anuncio, la rima de “¡Anthony!” que la madre llamaba desde la ventana para que entrara a comer se convirtió inmediatamente en parte de la cultura popular de Nueva Inglaterra. El anuncio de televisión se retransmitió durante 13 años desde el otoño de 1969. Fue fundamental para poner a los italoamericanos de Boston en el centro de la vida americana y esta idea sencilla cambió radicalmente la percepción de la comida italiana entre los americanos.
Cuando la fábrica fue trasladada a Lowell, el cartel de la ciudad proclamaba: “Welcome to Spaghettiville.” Muchos de los empleados de la fábrica eran inmigrantes de Portugal o Laos. Joseph Pellegrino Jr. era considerado por muchos un buen empleador y un buen ciudadano, hijo de un inmigrante siciliano de Mistretta que llegó a América en 1905.
El ex alcalde Brenden Fleming lo comparó con Aaron Feuerstein, el propietario de Malden Mills, que salvó a sus trabajadores de un incendio devastador en su fábrica en Lawrence. “Si le hubiera pasado a Pellegrino, habría hecho lo mismo“. Pero a pesar de las buenas intenciones, en 1987 Pellegrino vendió su fábrica al gigante industrial alimentario Borden, Inc. y diez años después, la empresa, en graves dificultades, anunció su cierre. Más de 400 trabajadores se opusieron a perder su empleo y Lowell a perder una institución en la Moore Street.

Prince Spaghetti era un pilar del New England y una verdadera institución en Massachusetts, además de ser cliente de gran valor durante muchos años del ferrocarril Boston & Maine Railroad. Protestas y peticiones proliferaron pidiendo a Borden poner la fábrica en venta en lugar de cerrarla. Un grupo de trabajadores, ex gerentes de la fábrica e inversores crearon una nueva empresa, Boston Macaroni, y hicieron una oferta para comprar la planta de Lowell.
El 11 de julio de 1997, sin embargo, Prince Pasta Company cesó la producción. Cinco días después, una ciudad en celebración supo que se había llegado a un acuerdo para la adquisición de las instalaciones por parte de Boston Macaroni, también gracias a la intervención de Ted Kennedy. Pero la alegría duró poco: Borden rechazó los derechos para usar el nombre “Prince Pasta” y, además, Boston Macaroni descubrió que el edificio de la fábrica necesitaba reparaciones por millones de dólares. En otoño, el acuerdo se cayó. Cuando Borden cerró la planta, el senador Ted Kennedy dijo que era “un día triste en Spaghettiville.” Un año después, una empresa productora de hilos compró la planta, irónicamente adecuada para una ciudad como Lowell que jugó un papel fundamental en el desarrollo de la industria textil en los Estados Unidos.

En 2015 el edificio fue vendido de nuevo, comprado y convertido en un centro de datos de los más importantes de todo Nueva Inglaterra: se convirtió en un hub de Internet mientras que en 1974, el antiguo edificio Prince en Boston, de 1917 en el North End, fue reconvertido en condominios residenciales. En Lowell todavía existe un puente ferroviario de hierro en Gorham Street – Prince Spaghettiville Bridge – que lleva la histórica señal y junto a él se levanta el histórico diner Trolley Restaurant Pizzaria, un verdadero landmark. Hoy Prince es una marca de la New World Pasta, empresa con base en Pennsylvania que tiene plantas productivas en St. Louis.
©by Thema Srl – Milano – www.Themasrl.it

