El escritor Curzio Malaparte quiso construir Villa Malaparte en Capri, en Capo Massullo, entre el azul del mar y el verde de la macchia mediterránea.
Villa Malaparte Capri
“Había en Capri, en la parte más salvaje, más solitaria, más dramática, en esa parte toda orientada al mediodía y al oriente, donde la Isla de humana se vuelve feroz, donde la naturaleza se expresa con una fuerza incomparable, y cruel, un promontorio de extraordinaria pureza de líneas, aventurado en el mar como una garra de roca“, escribió. Y luego. “ningún lugar, en Italia, tiene tal amplitud de horizonte, tal profundidad de sentimiento. Es un lugar, sin duda, sólo apto para hombres fuertes, para espíritus libres“.
Curzio Malaparte
Histriónico, impredecible y contradictorio, Curzio Malaparte fue fascista y maoísta, ateo en vida y cristiano en la cama de muerte, corresponsal de guerra, diplomático, director y poeta, editor y director de periódico. Y sobre todo un escritor de una lucidez penetrante. Y precisamente esa vida tan extraordinaria como ambigua hizo que el autor de Kaputt sea uno de los personajes más discutidos del siglo XX. Los intelectuales lo amaron y execraron. Antonio Gramsci en sus Cuadernos desde la cárcel lo define como “un hombre de una vanidad desmesurada y de un esnobismo camaleónico, capaz, por la gloria, de cualquier maldad”. Para el editor Piero Godetti, en cambio, fue “una de las firmas más bellas del fascismo”.
En todo caso, Curzio Malaparte fue un gran protagonista de la cultura internacional.
En 1925, después de leer un panfleto de 1869 titulado “Los Malaparte y los Bonaparte”, el joven escritor Kurt Erich Suckert, hijo de un tintorero sajón que se trasladó a la Toscana, decidió cambiar su nombre. Estaba dudando entre Curzio Farnese, Curzio Borgia, Curzio Lambert o Curzio Malaparte. Eligió este último porque le pareció más atractivo que los otros, y cuando Mussolini le preguntó por qué escogió ese nombre, su respuesta fue “Elegí Malaparte porque Bonaparte terminó mal, a mí sin embargo me irá seguramente mejor”. El escritor estaba convencido de que el nuevo seudónimo tendría un gran impacto en sus lectores. Efectivamente, sea por su talento o por su nueva identidad, la fama no tardó en llegar.
Aunque fue uno de los fundadores del Partido Fascista, Curzio Malaparte era un fascista atípico. Por un lado consideraba a Mussolini como el mejor discípulo de Lenin y Trotski y por otro, con el ensayo “Técnica de un golpe de estado” publicado en París en 1931, denunció la tiranía de Hitler. Tras una serie de cartas difamatorias enviadas a Italo Balbo, el Duce lo castigó y lo expulsó del partido condenándolo a cinco años de confinamiento en la isla de Lipari. La acusación era doble: propaganda antifascista en el extranjero por el libro publicado en Francia y difamación de un ministro en funciones por las cartas a Balbo. Después de siete meses de exilio en Lipari, el escritor fue trasladado a Ischia por razones de salud, y luego, gracias a la amistad con el conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini, consiguió la reducción de la pena y el traslado a Forte dei Marmi, donde cumplió su condena.
Durante un período de búsqueda surrealista, Malaparte relata sus metamorfosis interiores y en sus libros se transforma en mujer, en perro, en árbol, en santo. Luego, con el artículo “Ciudad como yo” publicado el 14 de febrero de 1937, el escritor manifiesta su deseo de convertirse en un edificio. Quiere transformarse en persianas, escaleras, enyesado.
Casa Malaparte Capri
La fama literaria ya no le basta y escribe: “Quisiera construirla toda con mis manos, piedra sobre piedra, ladrillo sobre ladrillo, la ciudad de mi corazón. Sería arquitecto, albañil, peón, carpintero, estucador, todos los oficios haría para que la ciudad fuera mía, realmente mía, desde las bodegas hasta los tejados, mía tal como la quisiera. Una ciudad que se pareciera a mí, que fuera mi retrato y a la vez mi biografía… Y todos, al entrar en ella, sintieran que esa ciudad soy yo, que esas calles son mis brazos abiertos para acoger a los amigos. El enyesado de las paredes, las persianas, los peldaños… quisiera que fueran la mejor parte de mí, los rasgos de mi rostro y de mi espíritu, los elementos fundamentales de la arquitectura y de la historia de mi vida. Que se me pareciera, y que cada uno sintiera, viviendo en ella, que está dentro de mí. Casa como yo… mi retrato de piedra“. Curzio Malaparte siente entonces la necesidad de mostrar al mundo su verdadero rostro, su personalidad. Quiere que todos sepan quién es realmente. Y para ello decide construir una casa “triste, dura, severa”. Como él.
El arci-italiano, como fue llamado tras la publicación de una colección de poemas, lanza su desafío al mundo de la arquitectura y decide construir “Casa como yo”, un autorretrato “esencial, desnudo, sin adornos”, y al mismo tiempo un refugio y un lugar que le recuerde el período de reclusión en Lipari. El escritor quiere crear algo que haga hablar de él.
Villa Malaparte en Capri, de 1938 a 1942
Entre 1938 y 1942 Curzio Malaparte, desarrollando un proyecto del arquitecto Adalberto Libera, construye en Capo Massullo de Capri una espléndida Villa Malaparte de la cual asumirá totalmente la autoría. En “Casa como yo” escribe: “Aquí, no aparecía ninguna casa. Por lo tanto, yo era el primero en construir una casa en esa naturaleza. Y fue con temor reverente que me dispuse a la labor, ayudado no por arquitectos, ni ingenieros (sólo para asuntos legales, para la forma legal), sino por un simple capataz.” Casa Malaparte es la única casa roja entre las casas blancas de la isla. Roja como las casas de los Capitanes de puerto. La única con un techo-solárium plano y no con bóvedas. La única sin las tradicionales pequeñas escaleras exteriores.
La villa que el director Jean-Luc Godard eligió para ambientar un episodio de la película El desprecio, parece realmente la proyección de la personalidad de Malaparte. O al menos lo es para el escritor, que encabezará toda su correspondencia con grandes letras negras, “Casa como yo”. Y aún hoy los habitantes de Capri llaman a este rincón escarpado y salvaje de la isla, “de Malaparte”. Simplemente.
“Casa como yo” es una construcción austera, elegante y moderna, que parece emerger directamente de las rocas, sostenida hacia la tierra por una escalera trapezoidal de aspecto precolombino, y que se alarga en dirección opuesta, hacia el mar. El perfil es esbelto, decidido, esencial. Las líneas son puras y simétricas, las referencias clásicas. No hay “ninguna columnita románica, ningún arco, ninguna escalera externa, ninguna ventana ojival, ninguno de esos híbridos entre estilo morisco, románico, gótico y modernista, que ciertos alemanes, hace treinta o cincuenta años, trajeron a Capri, contaminando la pureza y simplicidad de las casas capriotas.”
Casa Malaparte en Capri, el estilo
La casa está muy alejada del estilo tradicional de la isla, y a primera vista parece más un inmenso ladrillo caído sobre la roca que una vivienda. Pero luego, al observar bien, la estructura está en absoluta sintonía con la naturaleza que la rodea y termina pareciendo una elevación natural del promontorio.
La villa, que representa un vigoroso anticipo del racionalismo italiano, desata inmediatamente la reacción de arquitectos e historiadores de la arquitectura. Algunos hablan de “un producto rígido y enojado con la naturaleza”, otros “un resto que quedó sobre la roca después del retroceso de las olas”. Hay quienes asocian la casa a “un barco arcaico y atemporal en equilibrio entre arquitectura mediterránea y juegos de abstracción”. Y hay quienes, en cambio, la definen como un objeto en fusión perfecta con el paisaje.
Casa Malaparte seduce porque es la materialización de la personalidad de un escritor inquietante y fascinante que aún hoy hace hablar de sí. Porque es el resultado de citas literarias, de memorias políticas, de fragmentos de vida. Porque es la autobiografía de un gran personaje, el lugar de sus recuerdos, el manifiesto de su ideología.
Los más apasionados afirman que la obra es demasiado personal para haber sido concebida por el espíritu creativo de un técnico. Tanto es así que, después de más de sesenta años, el debate entre arquitectos sigue vivo y las preguntas son recurrentes. ¿La casa fue realizada enteramente por el arquitecto Adalberto Libera, que recibió del escritor el encargo de diseñar la villa? ¿O Malaparte modificó radicalmente la estructura durante la construcción? Y luego, ¿por qué en la lista de sus obras, Libera nunca menciona la construcción de una villa en Capri?
Hay quien atribuye con certeza la obra a Libera. Otros, en cambio, sostienen que la casa, tal como fue realizada, es fruto únicamente de la mente de Malaparte. También hay quien habla de la villa como la unión perfecta de dos grandes espíritus eclécticos. Entretanto, tras años de estudios e investigaciones, se ha vuelto cada vez más creíble la hipótesis de que Malaparte modificó progresivamente el proyecto inicial del arquitecto, adaptando la planta a sus necesidades intelectuales. Ayudado por el maestro albañil Adolfo Amitrano de Capri, “el mejor, el más honesto, el más inteligente, el más recto, de cuantos he conocido”. Pero comencemos desde el principio. En 1936 Curzio Malaparte es huésped en Capri de un amigo suyo, el médico y escritor sueco Axel Munthe. Tras un paseo por Capo Massullo decide comprar el pequeño promontorio. El propietario es un pescador, Antonio Vuotto y para convencerlo el escritor le contará que lo necesita para iniciar una granja de conejos. En 1938 Capo Massullo es suyo. Una roca de 70 metros de largo y 15 de ancho, inaccesible, en precipicio sobre la bahía verde y turquesa de Matromania, orientada hacia el sureste en dirección a la península sorrentina. Hacia el sur da a los Farallones y a la roca del Monacone. Alrededor sólo el mar, la roca y la naturaleza salvaje. Un lugar único en el mundo.
“La casa ya existía, yo dibujé el paisaje” dirá orgulloso Malaparte al mariscal Rimmel, en el libro “La Piel”.

