Aterrizando en el aeropuerto internacional de Marsa Matrouh, podemos admirar playas tan encantadoras que se comparan con las del paraíso caribeño. El blanco y la suavidad de la arena bañada por un espléndido Mar Mediterráneo, de hecho, ofrecen un espectáculo para los ojos y un verdadero placer para el cuerpo.
Aunque la zona hotelera se ha desarrollado recientemente, la belleza del litoral de Marsa Matrouh no es en absoluto un asunto moderno, tanto es así que el lugar es objeto de una leyenda bastante difundida que la vincula con Cleopatra. Según se cuenta, la reina egipcia – junto con su amado Marco Antonio – solía bañarse en estos parajes.
La playa de Cleopatra, situada precisamente en el lado opuesto de la laguna de Marsa Matrouh, se caracteriza (además de por su blancura) por los llamados baños de Cleopatra y por la Esfinge. El primero es una gran roca excavada por el agua en cuyo interior hay una piscina natural donde, se dice, la reina egipcia disfrutaba relajándose. La segunda, en cambio, es un peñasco cuya forma evoca precisamente la famosa Esfinge de Guiza. Además, en estos lugares se han encontrado restos de uno de los palacios reales que parece tener un paso subterráneo que lo conectaba directamente con la playa, quizá para permitir románticos baños nocturnos.

