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Itinerarios en Versilia, Pietrasanta

Bajo los rayos del sol resplandece el grande y corpulento Guerrero de Botero, y en un jardín bordeado por naranjos, un enigmático Centauro de Mitoraj vigila los tesoros del Duomo, de la Iglesia de Sant’Agostino y del Museo de los Bocetos.

Maurizia Ghisoni
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Estamos en Pietrasanta, encantadora ciudad a los pies de las Alpi Apuane, a un paso de las playas doradas de Versilia, donde desde hace décadas se reúnen artistas y visitantes de todo el mundo, atraídos por la maestría de sus artesanos del mármol, del bronce y del mosaico; por las exposiciones, por los prestigiosos eventos culturales y, en general, por la atmósfera y su arte de vivir bien.

Es muy agradable pasear por ese rectángulo grandioso que es Piazza del Duomo, donde se asoman los monumentos más antiguos, mezclados con las obras maestras del arte moderno. Cada año, Pietrasanta dedica una gran exposición a un artista contemporáneo, cuyas obras se colocan en la plaza y en la cercana iglesia de Sant’Agostino, vistas y tocadas por ciudadanos y turistas, o admiradas cómodamente sentado en las mesas al aire libre de los cafés, a la sombra de las lápidas del siglo XVI, que cuentan sobre los contratos que Miguel Ángel firmaba en el lugar para obtener los mármoles de sus obras maestras. La savia vital de esta ciudad radica precisamente en la fuerte y extraordinaria mezcla entre arte antiguo y creatividad moderna.

Al entrar en el trecentista Duomo di San Martino, se envuelve uno en una armoniosa solemnidad. La mirada se posa sobre las magníficas fuentes bautismales del siglo XVI del escultor Stagio Stagi y sobre el espléndido púlpito marmóreo (1504 d.C.), cuyo trabajo lo hace parecer una copa preciosa. A un paso está el Complejo de Sant’Agostino, con la iglesia del siglo XIV, sede de importantes exposiciones, y el antiguo convento renacentista, dentro del cual se alberga el Museo de los Bocetos, con más de seiscientos modelos en yeso de esculturas de artistas famosos: César, Nivola, Botero, Finotti, Yasuda, Mitoraj, De Sait Phalle y muchos más.

Pero en Pietrasanta las obras maestras están en todas partes, forman una galería al aire libre, solo hay que tener ganas de pasear y registrar cada esquina. A un paso de Piazza del Duomo, atravesando la Porta a Pisa, aparece en la explanada de la estación ferroviaria una etérea Llave del Sueño de Kan Yasuda, en mármol blanco de Carrara. Recorriendo la vía Mazzini, templo del paseo y de las compras elegantes, se llega a Piazza Matteotti, donde destacan el masivo Guerrero de bronce de Fernando Botero y las Memorias de Pietrasanta en mármol blanco de Pietro Cascella. Volviendo a via Mazzini, vale la pena detenerse en la Capilla de Sant’Antonio y San Biagio, también llamada de la Misericordia, la más antigua de Pietrasanta (sus orígenes datan del siglo XIII), donde se esconden dos grandes frescos de Botero: La Puerta del Paraíso y La Puerta del Infierno, otro homenaje más del artista a la ciudad en la que vive largas temporadas del año.

Al noreste de la catedral, se abren via Garibaldi, llena de galerías de arte, tiendas de antigüedades y con la estatua del Pugilista de Francesco Messina. Y via Sant’Agostino, recorriéndola se pasa tras el rampante Centauro de Igor Mitoraj, otro artista adoptado por Pietrasanta. Parada obligatoria, al final de la calle, es finalmente el Studio Sem, uno de los talleres artísticos más conocidos y cotizados de Versilia, que ha colaborado con artistas como Moore, César, Miró, y donde llegan escultores de todo el planeta para aprender los secretos del trabajo en mármol y realizar obras que enriquecerán espacios públicos, museos y colecciones privadas.

Las acogedoras playas de Marina están a solo 3 km y también aquí, en los paseos del malecón o en el hermoso Parque de la Versiliana, es frecuente encontrar esculturas de formas sorprendentes. Detrás del malecón se elevan las Alpi Apuane, con el fascinante mundo de las canteras de mármol. No es difícil llegar a las del Monte Altissimo, a 1589 metros, las favoritas de Miguel Ángel. Solo hay que tomar desde Pietrasanta la carretera estatal hacia Seravezza, que se encamina por relieves boscosos. Curva tras curva, se va haciendo cada vez más visible un claro en forma de terrazas en el vientre de la montaña: es la Cantera de las Cervaiole, de donde se extraen los bloques de mármol más preciados, que, gracias al genio del artista y al trabajo del artesano, se convertirán en obras de arte únicas y prestigiosas.

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