La oferta holandesa en materia de alojamiento es, por decirlo de alguna manera, babelica, adecuada para todos los gustos y para todos los bolsillos. En las principales ciudades como Ámsterdam y Rotterdam, donde también se concentra un fuerte turismo de negocios y congresos, están presentes los hoteles de las cadenas hoteleras internacionales más famosas; en los centros menores y en los pequeños pueblos costeros prevalece en cambio la presencia de cadenas locales y establecimientos familiares.
Cómodos, generalmente limpios, acogedores y accesibles son los b&b, un lugar valioso para familiarizarse con la población y descubrir sus pequeños usos cotidianos, sintiéndose también un poco menos extranjeros. En ciudades como Ámsterdam, son muy románticos los que dan a los canales o están cerca del mercado flotante de flores, fáciles de alcanzar también en bicicleta, alquilada o dada en uso gratuito por los propietarios.
Curiosa e intrigante es también la fórmula del Boat&Breakfast, a bordo de una serie de embarcaciones y clippers ubicados en los puertos de todo el país, que disponen de cabinas para 2, 3 o 4 personas y ofrecen la posibilidad de realizar excursiones y pequeñas travesías a lo largo de la costa. Algunos pueden alojar también grupos y disponen de espacios para reuniones, encuentros y pequeñas fiestas.

