Il Museo fue abierto al público en diciembre de 2003 gracias a un proyecto financiado por empresas privadas, fondos europeos y las instituciones locales, bajo el alto Patronato del Presidente de la República y a propuesta de la Diputación de la Real Capilla del Tesoro, institución entre las más antiguas de Italia (fundada en 1601).
El curador del proyecto es el actual director Paolo Jorio. Antiguos documentos, objetos preciosos, plata, joyas, pinturas de valor incalculable, que forman parte del Tesoro de San Gennaro y que, a lo largo de los siglos, reyes, Papas, hombres ilustres o personas comunes han donado por devoción al Santo, han encontrado y encontrarán en esta sede una ubicación propia y sobre todo permiten, en varias fases, el montaje de exposiciones temáticas, siguiendo un recorrido lógico raro y extraordinario.
La exposición actual trata sobre Los Plateros, una colección única en el mundo que abarca desde 1305 hasta nuestros días y que, gracias a la labor de la Diputación de la Real Capilla del Tesoro de San Gennaro, ha llegado intacta a nosotros sin sufrir ninguna sustracción (para financiar guerras) ni ningún robo. Una colección que, salvo una sola obra maestra de la escuela provenzal, es toda obra de los grandes artesanos napolitanos y testimonia su habilidad, maestría y la extraordinaria capacidad transmitida a lo largo de los siglos.
El recorrido museístico está acompañado por un itinerario sonoro que comienza, en la primera sección, con las voces de los callejones de Nápoles, para subrayar la fuerte pertenencia y adherencia a las raíces de la ciudad, para luego articularse en una oración a San Gennaro en la sección donde están expuestos los bustos de plata de los copatronos que acompañaban la procesión del Santo y, en la tercera sección, donde se expone el relicario de la sangre donada en 1305 por Carlos de Anjou y que todavía hoy transporta las ampollas de sangre en procesión, es el canto evocador de las parientes de San Gennaro el que nos relata el milagro de la licuefacción.
En el segundo piso se accede a las Sacristías, nunca abiertas al público por cuatro siglos y que hoy, gracias al Museo, es posible admirar en toda su extraordinaria belleza.

