Los cafés históricos de Turín
En Turín son imprescindibles los cafés históricos, puntos de encuentro, en el siglo XIX, de intelectuales, políticos, poetas y literatos, que dieron una importante contribución a la historia de la Unificación de Italia.
Ideales para el desayuno, están, entre muchos, el Caffè Torino, en la plaza San Carlo, donde el lujo y la elegancia brillan en espejos dorados, medallones pintados, en la magnífica escalera de estilo liberty y en la barra de madera y mármol finamente repujado. Está abierto todos los días desde las 8 hasta la medianoche. El Caffè Abrate, en vía Po, abierto en 1866, cuyos interiores se calientan con los muebles de madera al estilo piamontés y con reliquias de época.
Para el aperitivo o un tentempié, el lugar indicado es el Caffè Mulassano, bajo los pórticos de la plaza Castello desde 1907. Pequeño y acogedor, con poquísimos mesas, ha sabido mantener la atmósfera original Belle Époque. Los turineses le reconocen dos grandes méritos: haber lanzado primero la moda parisina de los tramezzini, aún hoy insuperables por variedad (más de 30 tipos) y calidad, y haber dado a conocer el tostado en 1925, con una tostadora importada de Estados Unidos.
O también, Al Bicerin, en Plaza de la Consolata, a dos pasos de la magnífica iglesia. Un local pequeño, con ambiente acogedor, que ha “robado” el nombre a la homónima bebida caliente, preparada con café, chocolate, leche y nata, servida en un vaso de cristal grueso en forma de cáliz.

