Inútil decir que en Londres hay mucho, muchísimo que ver. Y que todo es majestuoso, y también bastante exigente. Conviene empezar por el sector más meridional, Westminster, que desde hace más de un milenio encarna el centro del poder político y religioso de Inglaterra. Aquí se encuentran la abadía más grande del país, la Westminster Abbey, y la sede del Parlamento, con las famosas Cámara de los Comunes y Cámara de los Lores.
Las Houses of Parliament cubren una superficie de más de 32 m², y conservan una parte medieval llamada Westminster Hall. En la primera es posible asistir a las sesiones, aunque en la práctica se desalienta por las largas colas. La segunda, la aristocrática House of Lords, cuenta con un millar de asientos y en el centro exhibe el trono de la reina. Los proyectos de ley se presentan y discuten en ambas cámaras.
Desde el punto de vista arquitectónico, no pasan desapercibidas las dos magníficas torres que adornan este inmenso complejo: la Victoria Tower, al oeste, de 102 metros de altura, donde se guardan millones de documentos parlamentarios. Y la torre del Big Ben o Clock Tower, al este, de 106 metros de altura, con el hermoso reloj de cuatro esferas, el más grande de Inglaterra, y una campana de 14 toneladas.

