Se ha autodenominado “ciudad de montaña”, debido a la imponente corona de picos alpinos que marcan sus fortunas turísticas y paisajísticas: el Patscherkofel (2247 metros), la Nordkette y el Bergisel con el trampolín de salto de esquí, diseñado por la célebre arquitecta Zaha Hadid.
El corazón del casco antiguo y símbolo de la ciudad es el Goldenes Dachl, el Tejadillo de Oro, que brilla sobre un pintoresco juego de pórticos, callejuelas y palacios tardomedievales. Muy agradable es pasear por la Maria-Theresien-Strasse con la Puerta del Triunfo, la Columna de Santa Ana y la moderna galería de tiendas del Ayuntamiento.
No hay que perderse también la Catedral de San Jacobo, la Hofburg, residencia de los Habsburgo, la Hofkirche con la tumba de Maximiliano I, el cercano Museo de Arte Popular y el Ferdinandeum con sus valiosas colecciones de arte. En el Castillo de Ambras se exhibe una importante colección de armas antiguas.

