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El desierto de Tatacoa

El fértil valle del Río Magdalena, a sesenta kilómetros al norte de la ciudad de Neiva, se transforma en una zona semiárida y deshabitada, un bosque seco tropical que cubre una superficie de 330 kilómetros cuadrados: el Desierto de Tatacoa.

Anna Bruno
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Conocido también como Valle de la Tristeza, como lo llamó en 1538 el conquistador Jiménez De Quesada, el Desierto de Tatacoa (el Tatacoa es una serpiente inofensiva local) no presenta las características naturales típicas de un desierto. En lugar de las clásicas dunas de arena, se pueden admirar curiosas esculturas en tierra roja que en algunos tramos se unen y entrelazan formando laberintos naturales de majestuosa belleza, resultado de siglos de erosión del terreno. El cielo, sobre esa extensa y silenciosa llanura, está casi siempre despejado, ideal para los amantes y estudiosos de la astronomía que durante la noche, con un buen telescopio, pueden observar y analizar claramente la nítida bóveda celeste. La aparente escasez de formas de vida, típica de un desierto, es sin embargo aún más curiosa si se piensa que durante el período Terciario, hace millones de años, esa zona era un inmenso jardín lleno de árboles, flores y muchas otras especies vegetales, y estaba habitada por monos, tortugas, cocodrilos y perezosos gigantes. Los restos fósiles de la exuberante flora y la rica fauna de esa época remota y desconocida para el hombre hacen que el desierto de Tatacoa sea un verdadero paraíso para geólogos y paleontólogos. El clima es cálido y seco y la temperatura durante el día ronda los 27 grados. El momento ideal para una excursión de unas horas entre las rocas, arbustos y cactus del Desierto de Tatacoa es al final de la tarde, cuando el sol baja y el clima refresca. El punto de referencia para llegar al Desierto de Tatacoa es el pequeño pueblo colonial de Villavieja, a unos cincuenta kilómetros de Neiva y a una decena de kilómetros de las primeras señales desérticas del paisaje. En Villavieja está el museo paleontológico —que vale la pena visitar antes de adentrarse en el desierto— donde se conservan los restos fósiles de animales que se extinguieron hace millones de años y donde se reconstruyen las fases históricas naturales de la evolución de ese territorio, desde el nacimiento del universo hasta la aparición del hombre sobre la Tierra.

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