Los habitantes de Aeclanum veneraban a la diosa Pale, considerada la protectora del trigo, el principal recurso de la zona. Para dar las gracias por la cosecha y pedir futuros favores, los campesinos ofrecían a la divinidad sus carros cargados de heno y paja. Así esperaban asegurar un invierno suave y favorable.
Estos pesados carros eran arrastrados por tres yugos de bueyes, que hacían un enorme esfuerzo para llevar estos “exvotos” desde los graneros del campo hasta el lugar de culto de la diosa. Todo el grano ofrecido se reunía en una sola masa que, entre cánticos y danzas, luego se incendiaba. Con el tiempo, ese carro desbordante de trigo se transformó en un gigantesco obelisco, claro símbolo de antiguos rituales propiciatorios. Hoy en día, un tractor ha sustituido a los bueyes y transporta el remolque repleto de esperanza.
Hasta hace unos años seguían utilizándose los tres yugos de bueyes para el transporte. Para la ocasión, los animales más fuertes eran cuidadosamente adornados con lazos y cintas, aunque tristemente, después de perder hasta cuarenta kilos por el esfuerzo de ocho horas, eran llevados al matadero. Tras las firmes protestas de los animalistas, los organizadores decidieron sustituirlos por un tractor moderno.
La obra mide 25 metros de alto y está rematada por una estatua de la Madonna Addolorata, en actitud protectora hacia toda la comunidad. El peso exacto es desconocido, pero algunos lo estiman en veinte toneladas. La aguja se compone de noventa y nueve paneles de paja trenzada en diversas formas: trencitas, cordones y más. Estos paneles recrean columnas, arcos, capiteles, cornisas, figuras de ángeles y escudos. Si se unieran todos los tallos de paja usados, se llegaría a unos 3.000 kilómetros de longitud. El obelisco consta de siete niveles y se apoya en un carro reforzado de aproximadamente 20 metros cuadrados.

