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Avella, itinerario entre los avellanos

Los prados, la rica producción de avellanas, la presencia del jabalí en sus bosques son los tres posibles orígenes de su nombre: Abellanae son las avellanas descritas por Plinio, Abel, es decir campo herboso.

Area archeologica della necropoli monumentale di Avella
Massimo Vicinanza
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Fue el nombre dado por los Calcídicos a la zona, y Aberula, derivado de Aper, jabalí, la otra posible origen del nombre actual, Avella, en la provincia de Avellino.

Está apoyada contra las montañas del Partenio y atravesada por el río Clanis; está rodeada de campiñas exuberantes y dominada por los restos de un poderoso castillo; esconde espectaculares vestigios romanos y conserva los restos de un antiguo plátano con un tronco de 15 metros de circunferencia que fue plantado hace cuatrocientos años en los jardines del Palacio Ducal de Colonna. Los cursos de agua se infiltran entre las gravinas y los desfiladeros de las gargantas de Sorrencello y el eco del viento se escucha en la cueva de los Sportiglioni y en la de las Camerelle.

Sorprenderá luego la panorámica carretera que conduce al Campo di Summonte, desde donde con la vista se alcanzarán Punta Licosa y la isla de Ponza, el macizo de la Maiella y el valle de Vùlture. Y todo está por descubrir, como en una búsqueda del tesoro; nada está indicado, nada es instantáneamente visible, excepto el viejo castillo que se alza entre retamas, agaves y olivos.

Pero lo que hará aún más asombroso y entusiasta el paseo por estos lugares serán las caminatas a través de las fértiles plantaciones de avellanos, el encuentro con las manadas de búfalos, hábilmente controladas por jinetes, a lo largo de los senderos que serpentean en el valle de las Fontanelle, la vista de las evoluciones que los cuervos y los gavilanes realizan en las gargantas de los Montes de Avella. Subiendo luego en altura entre castañares y alcornocales, y atravesando bosques de haya se llegará a un ambiente incontaminado; la morfología de la región y la inaccesibilidad de algunas zonas eran condiciones ideales para el lobo y el jabalí, desgraciadamente hoy extintos. También el tejón, la mofeta, la garduña y la marta que habitan la zona corren hoy riesgo de extinción.

El itinerario naturalista está bien completado por la posibilidad de visitar cavidades naturales de gran interés: la cueva de las Camerelle de Pianura, profunda alrededor de 150 metros, ofrece el espectáculo de ricas concreciones y de imponentes formaciones colonnates, mientras que la de los Sportiglioni, habitada por murciélagos, que se desarrolla por casi 250 metros, se encuentra entre las diez primeras cuevas regionales por interés biospeleológico.

Pero hay también otra cueva, a aproximadamente 2 kilómetros de Avella, siguiendo el curso del río Clinio, en el Vallone de las Fontanelle: la cueva de San Miguel, de 55 metros de longitud y 5 de profundidad, utilizada en la antigüedad para ritos religiosos como testimonia la presencia de interesantes decoraciones pictóricas bizantinas de mano popular, datables antes del 1300. Y remontándonos aún más en el tiempo, obtenemos amplia evidencia del período romano; característica de la época es la estructura urbana en cuadricula; Avella fue construida siguiendo el principio de los cardos y decumanos, los primeros orientados norte-sur y los segundos este-oeste; el “decumano mayor”, hoy identificable con el Corso Vittorio Emanuele conduce directamente al anfiteatro, de doble arco y planta elíptica, completamente escondido entre las plantaciones de avellanos y cuyas dimensiones permiten imaginar claramente la grandeza que tenía la ciudad en esa época.

También el hallazgo a lo largo de la vía Popilia de 3 majestuosos monumentos funerarios que datan del siglo I a.C. y perfectamente conservados, además de los restos del acueducto llamado “San Paolino” a lo largo del curso del alto Clanio, son prueba fundamental de la importancia que asumió la antigua Abella. Aquí fue encontrado el “Cippus Abellanus”, un bloque de piedra con inscrito en lengua osca el testimonio de un acuerdo celebrado entre Nola y Abella para el uso de un territorio común donde se erigía un santuario dedicado a Hércules. El “Cippus Abellanus”, del 150 a.C., hallado entre las ruinas del Castillo de Avella, se conserva actualmente en el Seminario Episcopal de Nola.

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