La singularidad del Instituto, con sus aproximadamente 11.000 manuscritos, se basa en la coincidencia de dos factores, ambos extraordinarios: la especificidad de las colecciones y la naturaleza del edificio, diseñado y en parte realizado por Michelangelo Buonarroti.
La historia de la formación de esta biblioteca – a partir del núcleo originario de la Medicea privada – y de su constante crecimiento está guiada, de hecho, por principios consistentemente seguidos, identificables en la originalidad de los textos, en su calidad filológica y en el valor estético de los soportes materiales.
Entre los tesoros de la Laurenziana se deben incluir, entre otros, códices fundamentales por su unicidad y antigüedad que contienen las obras de Tacito, Plinio, Esquilo, Sofocles y Quintiliano, el Virgilio corregido en 494 por Turcio Rufio Aproniano Asterio, así como el testimonio más antiguo del Corpus Iuris de Justiniano, copiado poco tiempo después de su promulgación.
Además, la Laurenziana puede presumir entre sus reliquias más preciosas una de las tres colecciones completas de los Diálogos platónicos en carta bona, donada por Cosimo el Viejo a Marsilio Ficino para que la tradujera, el códice Squarcialupi, única fuente de la música profana entre el Trece y el Catorcecientos, algunos autógrafos de Petrarca y Boccaccio, las Historias de Guicciardini con intervenciones del autor y la biografía, en parte autógrafa, de Benvenuto Cellini.
En particular, la Biblioteca refleja en su acervo algunos de los momentos más importantes de la historia, desde el nacimiento hasta la madurez del Renacimiento florentino.
El Humanismo está testimoniado allí, de hecho, por las presencias, en calidad de autores, copistas y poseedores de códices, de Coluccio Salutati, Poggio Bracciolini, Niccolò Niccoli, Marsilio Ficino y Pico della Mirandola. También la escritura humanística encuentra en la Laurenziana testimonios importantísimos, así como las escuelas de los más grandes miniaturistas florentinos, que se inspiraron en parte en artistas como Cimabue, Botticelli, los Pollaiolo, el Ghirlandaio.
Desde el gran Cosimo, incansable promotor de la construcción de bibliotecas, hasta sus descendientes, señores florentinos y pontífices de la Santa Iglesia Romana, los grandes duques Medici y los Lorena, que recogieron inteligentemente con generosidad el mensaje, hasta los ministros ilustrados del recién nacido Estado unitario italiano, este criterio de excelencia ha guiado la agregación de los núcleos librarios privados y públicos al originario, mediante la expropiación, el donativo y la compra.
Información sobre la Biblioteca Medicea Laurenziana
San Lorenzo, 9 Florencia

