Para la mitología clásica Procida, en Campania, es una flor caída del monte Epomeo de la cercana isla de Isquia. Otra leyenda dice que en el vientre de la isla se esconde el gigante Tifón, que quería destronar a Júpiter y que en cambio fue lanzado a la tierra; el gigante ahora está bajo el basalto que lo aprisiona y sacude sus 50 cabezas para liberarse. Veamos qué ver en Procida.
Procida, capital italiana de la cultura 2022
1 Procida, dónde se encuentra
Geológicamente la isla está ligada a los Campos Flégreos, los “campos ardientes” de los antiguos griegos y se asienta sobre cuatro cráteres apagados. Procida es una isla mística, mágica, rica en cultura popular y con una gran tradición en el arte marinero. Su historia es bastante movida. Fue colonizada por los griegos del golfo de Nápoles, luego por colonos Calcídicos y Eritreos y en la época romana fue atacada repetidamente. Luego tuvo con su señor Giovanni da Procida, un papel importante en la Guerra de los Vespri entre Angevinos y Aragoneses en el siglo XIII.

2 Procida en la historia
En el siglo XVI, Procida sufrió repetidos ataques de los piratas sarracenos, que derribaron la economía y provocaron una drástica reducción de la población. En ese período en Procida había menos de 2000 habitantes, todos concentrados dentro de las murallas del pequeño pueblo Terra.
En 1799, durante la revolución napolitana que estableció la república partenopea declarando decadente el poder borbónico, el comodoro Trowbridge con sus soldados ingleses ocupó la isla y por orden de Nelson sofocó los disturbios matando a 12 procidanos.
El periodo de emigración ultramarina a finales del siglo pasado infligió luego el último duro golpe a la economía de la isla. Los jóvenes procidanos se fueron a buscar trabajo a otro lugar y partieron hacia Sudamérica y Estados Unidos. Muchos marineros buscaron embarcarse en barcos mercantes extranjeros y pocos fueron los afortunados que se quedaron en su tierra. Todos estos acontecimientos han hecho que el carácter procidano sea dócil y a la vez valiente, capaz de resistir a las privaciones y devoto a la religión. En la isla son muy raros los crímenes de sangre; sus habitantes son bastante reservados y son “isleños” casi por elección.

3 Procida hoy
Procida hoy es una isla próspera y rica, aunque eso no se note. Aquí todos los hombres son hábiles marineros y buenos pescadores. Para la pesca se fían de la buena voluntad de las estaciones, sacando del cielo las señales propicias. Aunque conocen perfectamente su arte, son prudentes y no arriesgan más de lo necesario, como les ha enseñado la buena cultura marinera. Mientras los armadores y los capitanes con los grandes barcos desafían los océanos y las tormentas para llevar a cabo con éxito sus ricas expediciones mercantes.
En el siglo XIX los veleros procidanos navegaban por todos los mares y llegaban hasta Australia. En Procida muchas familias poseen al menos un barco, cuyo mando suele estar a cargo de los mismos armadores. Así se convierte en una empresa familiar, donde los hombres a bordo realizan el trabajo marinero mientras las mujeres, en tierra, se ocupan de la gestión de la empresa-barco. Durante muchos meses al año los contactos entre la tripulación y los familiares se realizan solo por radio, y en los períodos de descanso, cuando están todos en casa, hay una gran fiesta.

4 Procida y las líneas para los palangres
Se cuenta que algunos navegantes procidanos, durante sus largos viajes al oriente, importaron de China una receta secreta para curtir los hilos de las líneas y redes de pesca. En Procida se producen así dos tipos de hilo, uno transparente y brillante único en Europa, y otro naranja, tradicional. Con este hilo los pescadores preparan sus palangres. Se trata de complejos sistemas para la pesca en profundidad, que a menudo superan los 500 metros de longitud y que están armados con unos miles de anzuelos.

5 Los procidanos y el mar
Los procidanos viven junto al mar y naturalmente viven “del” mar: y esto ha sido su riqueza. El bienestar económico ha llevado a un incremento demográfico, y en la isla hoy se cuentan 2700 almas por km², una de las densidades de población más altas del mundo. La vida en Procida es tranquila, y entre las paredes de las casas soleadas se disfruta la serenidad familiar; para los procidanos la familia es muy importante, tal vez por el forzado distanciamiento causado por los trabajos en el mar. Algunas casas están sumergidas en los cítricos y viñas, o asoman entre los jazmines y las plantas aromáticas; la isla es una gran macchia mediterránea primitiva asentada sobre las tobas amarillas y grises y los basaltos volcánicos de hace muchos milenios. Procida es una tierra de gran encanto.

6 Vivara, la isla reserva natural
En el extremo borde de la isla está Vivara. Es un islote de apenas 34 hectáreas de superficie, conectado a Procida por un puente-acueducto. Aquí, en una especie de relicto fitoclimático que ha sobrevivido al paso del tiempo, conviven más de 500 entidades botánicas, entre ellas muchos ejemplares de encina y de quercus pubescens. La vegetación salvaje de esta exuberante reserva natural, cresta de un cráter abierto, se completa con la higuera de chumbera y con la venenosa ferula de paraguas amarillos.
En el siglo XVIII Vivara era una de las muchas reservas reales de caza, gobernada por medidas muy estrictas. Aquí el rey de Nápoles Carlos de Borbón implantó un vivero, una cría de conejos. Hoy los conejos silvestres aún están y las reglas de acceso siguen siendo estrictas, especialmente tras las recientes excavaciones arqueológicas que sacaron a la luz algunos importantes hallazgos de origen micénico. La entrada a esta oasis naturalista es posible solo de mayo a octubre.
Desde la cima de los 109 metros de Vivara, la isla de Procida aparece plana como una lenguado, aunque el gran poeta latino Virgilio dijo “tum sonitu Prochyta alta tremit“. Los puntos más altos de la isla son el Olmo, con sus 51 metros y Terra Murata, alta 91 metros sobre el mar.

7 Borgo Terra
En el siglo XVI el pueblo de Terra era el único núcleo urbano de la isla. En la cima de Terra Murata, precipitando hacia el mar, rodeado de murallas y apartado de la cotidianidad de la isla, está el castillo que fue del abad de Procida, el cardenal Innico d’Avalos. Desde esta posición se domina el canal que separa la isla del continente. En tiempos pasados el castillo fue una residencia real. Transformado en prisión dura, el centro penitenciario fue cerrado en los años cincuenta. Desde entonces la imponente estructura ha sido abandonada.

8 El corsario Barbarroja y los piratas
Golpeado por los vientos de Libeccio y de Tramontana, el castillo era un punto de observación privilegiado para el avistamiento de sarracenos y bárbaros de África, que con sus incursiones sembraban terror y muerte en todo el Mediterráneo. La leyenda cuenta que el corsario Khair-ad-din, más conocido como “Barbarroja”, en 1534 intentó con sus rápidos barcos asaltar Procida. Pero apareció en el cielo San Miguel Arcángel que con su espada reluciente rodeó con llamas la ciudadela para protegerla, y con un lanzamiento de relámpagos puso en fuga al temidísimo pirata turco. Todavía hoy algunos viejos pescadores procidanos cuentan que han visto en el fondo del mar las cadenas y anclas que los piratas arrojaron al agua para escapar más rápido. La historia nos da, en cambio, una versión distinta de los hechos. Durante el asalto de 1534, hacia mediados de agosto, los musulmanes desembarcaron en la isla y casi la destruyeron.
El barrio Terra Murata fue saqueado y completamente incendiado, los piratas devastaron los cultivos y redujeron a muchos habitantes a esclavitud. Aún peor fue la incursión de la última década de junio de 1544, durante la cual el mismo corsario Barbarroja y sus hombres capturaron cerca de mil quinientas personas, tras haber incendiado casas, trigo y todo lo que encontraban en su camino. Sin embargo, en 1627 los isleños, muy devotos a San Miguel, le dedicaron una estatua de plata y en Terra Murata le titularon la Abadía.

