Brunico, conocida como la “Perla del Valle de Pusteria”, es el destino perfecto para los amantes del deporte: puedes combinar la emoción del esquí con paseos entre las encantadoras mansiones medievales de la Via Centrale. Al pie del nevado Plan de Corones, Brunico presume de una atmósfera donde confluyen la cordialidad alpina y el estilo italiano.
Aquí, el placer de recorrer los Mercadillos de Navidad se alterna con la adrenalina de un día en las pistas, rodeados por el espectacular paisaje de los Dolomitas.
Brunico ofrece un auténtico itinerario navideño por sus calles, forjando para los visitantes una experiencia inolvidable entre puestos y tradiciones.

Dulces tradicionales como el Strauben con mermelada (en el puesto GrofSmutters Kiiche) o las contundentes sopas gulasch servidas en pan (puesto Maggie), puestos, luces, villancicos y un amplio programa de animación acompañan el recorrido, junto con “selfie-points” preparados para hacer las mejores fotos y compartirlas con amigos.
Un lugar especialmente singular para el Navidad es el barrio “Oberstadt”, el origen de la celebración, que gira en torno a la Columna Mariana y el Palacio Sternbach.
Este barrio desprende un ambiente característico, que se percibe llegando desde la Via Centrale y atravesando el Portone Ragen. Dos puestos gastronómicos ofrecen especialidades locales, veganas y vegetarianas.
La magia de la Navidad lo impregna todo en la encantadora Brunico, que propone un genuino recorrido festivo entre sus calles y las casas de madera de su Mercadillo de Navidad. Entre las citas imprescindibles destaca el granero de los aromas, que regresa a la plaza Tschurtschenthaler: un escenario único donde hierbas y fragancias inspiran a los visitantes un viaje sensorial. Además, durante el Adviento, el barrio Oberstadt restablece el Silent Point en el Palacio Sternbach, donde los residentes invitan a quienes visitan el mercadillo –y no solo– a escribir sus deseos y colgarlos en el árbol, situado en el centro de la sala; una oportunidad para detenerse y reflexionar unos minutos. Finalmente, entre las calles del centro, las tradicionales casitas de madera invitan a probar delicias tirolesas como la sopa de gulasch servida en pan o las patatas asadas de Val Pusteria.

