Después de una larga y vibrante sucesión de nombres, desde el nativo Yuzovka (de 1869) al posterior Stalin (de 1924) y el análogo Stalino, (de 1929) en 1961 se llegó al actual Donetsk, tras la desestalinización y el crecimiento de la ciudad, que se convirtió mientras tanto en el pilar de la región del Donetsk.
Al llegar a la ciudad, después de aterrizar en el aeropuerto internacional de Donetsk, se tiene la impresión de haber sido catapultado a un centro en el que industrialización, cultura y ciencia se fusionan en una agradable unión toda por descubrir.
Punto de partida para una agradable visita de la ciudad es sin duda Artema, una calle de nada menos que 9 kilómetros a lo largo de la cual se entremezclan estilos arquitectónicos antiguos y modernos, surgen pequeños parques, centros comerciales, hoteles refinados y restaurantes.
La ciudad presenta aspectos diferentes, según donde uno se encuentre. La parte meridional de Donetsk está ocupada por oficinas de correos, hospitales, escuelas, fábricas y depósitos ferroviarios. La arquitectura presente aquí, tras la construcción de la residencia de John Hughes y varias viviendas para extranjeros, es en su mayoría de estilo inglés caracterizado por fachadas de forma rectangular y triangular, techos verdes, grandes ventanas y balcones que ocupan la mayor parte de los edificios.
La parte septentrional de Donetsk, en cambio, ha sido siempre más comercial al ser sede de talleres artesanales, burócratas y comerciantes. Aquí se puede pasar tiempo visitando la Catedral de la Transfiguración de Jesús, haciendo compras en el mercado cubierto (sobre todo en la principal calle de Novyi Svet), degustando productos típicos ucranianos (como las sopas Rozsolnyk, Hybivka y Vinigret y los tipos de pan Korovai, Paska y Babka) y alojándose en los numerosos hoteles.
Donetsk ofrece además un soplo de cultura gracias a numerosos teatros (entre ellos el Teatro de la Ópera y el Ballet), al planetario, a una treintena de museos y a más de 500 librerías.

