En Castelli, es todo un desfile de talleres y laboratorios artesanales. La leyenda dice que fueron los etruscos quienes difundieron el trabajo de la cerámica, ayudados por los barrancos arcillosos que rodean el pueblo a los pies del Monte Camicia. La historia, en cambio, habla de una comunidad de monjes benedictinos que, fieles al lema de “ora et labora”, comenzaron, hace unos diez siglos, a trabajar la arcilla, transmitiendo sus secretos a la población. Desde entonces, el pueblo ha vivido del arte de la cerámica, alcanzando en los siglos XVII y XVIII cimas estelares, con escuelas como las de los Grue, Gentile o Cappelletti, cuyos objetos embellecieron también las cortes europeas. Para darse cuenta, basta una mirada al espléndido techo de la pequeña iglesia de San Donato, definida por Carlo Levi como la <>, o a las piezas custodiadas en el Museo de la Cerámica, justo encima del pueblo, dentro de las murallas del Convento de los Menores Observantes. Para ver a los artesanos en acción, basta con dar un salto a Simonetti Ceramiche, en el Pueblo Artesano, donde destacan maravillosas colecciones policromadas de tradición renacentista, o al taller de Ivana Di Claudio, en el Bivio di Villa Rossi.
Compras en Abruzzo: artesanía y cerámicas de calidad
Una pequeña meca de compras en Abruzzo es Castelli, renombrada ciudad de arte y cerámica, a un paso del Gran Sasso, y de maravillosos pueblos con carácter como Atri y Penne.

