La ciudad que dio a luz al poeta Ovidio en el 43 a.C. es conocida en todo el mundo por la producción de confites, pero una visita al centro histórico revela sus bellezas arquitectónicas y evoca importantes referencias históricas, como la presencia del Papa Celestino V, que vivió como ermitaño en el Monte Morrone sobre la ciudad, y parece que consagró en 1294 el altar de la catedral de San Panfilo, patrón de Sulmona.
El Conjunto de la Santísima Anunciación, fundado en 1320 y compuesto por la Iglesia y el Palacio adyacente, se presenta como un imponente conjunto de estilos arquitectónicos gótico, renacentista y barroco, cuya coexistencia se debe a las numerosas obras de reconstrucción causadas por eventos sísmicos ocurridos en varias ocasiones.
Poco distante, a lo largo de Corso Ovidio, arteria principal del centro histórico, se abre la Piazza XX Settembre, punto de encuentro ciudadano donde espera pensativa, la estatua del poeta y escritor de las Metamorfosis y del Ars Amatoria.
El Teatro Municipal, construido en 1933, es testimonio del ferviente interés cultural de la ciudad y del amor por la música. No es casual que la Banda Municipal de Sulmona se destacara a nivel nacional por su nivel y preparación en 1932.
El Acueducto medieval contribuye a la escenografía de la amplia Piazza Garibaldi, completada por el perfil de la Majella y la fachada de la Iglesia de San Filippo Neri, desde donde parte la curiosa manifestación de la Madonna que huye a la plaza: representación del asombro de la Virgen María ante la noticia de la resurrección de Cristo, que se celebra cada año el domingo de Pascua.

