Iniciada en la segunda mitad del 1700, poco antes de que la Serenísima República cayera bajo Napoleón, su construcción fue perfeccionada en el siglo XIX por el famoso ingeniero hidráulico Pietro Paleocapa, creador de las presas en las bocanas del puerto.
En los días de buen tiempo son destino de paseos y tomar el sol para muchos venecianos, junto a las dunas arenosas de los Alberoni, hoy un oasis protegido en el extremo sur, cubiertas de vegetación espontánea como cañas, lirios cabríos y juncos negros, y con detrás una generosa cortina de pinos, álamos y tamariscos.
Un pequeño edén que, poco a poco, se ha ido repoblando de vuelvepiedras y zarapitos, alondras, abejarucos, chorlitos y garcetas.

