Urbino: qué ver en el Palacio Ducal y el centro histórico

Urbino, el Palacio Ducal y el centro histórico

El corazón de Urbino es el Palacio Ducal, rica y suntuosa residencia del duque Federico II de Montefeltro, uno de los ejemplos más destacados de arquitectura renacentista, cuyas obras llevan la firma de dos arquitectos: Luciano Laurana, primero (1465) y Francesco di Giorgio Martini, luego (1472).

Anna Bruno
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Hoy, el Palacio, caracterizado por singulares Torricini y por un espléndido Patio de Honor, es sede de la Galería Nacional de Las Marcas, de la Superintendencia regional de Bienes Artísticos e Históricos y del Museo Arqueológico Urbinate. La Galería Nacional alberga obras maestras absolutas como la “Flagelación” y la “Madonna de Senigallia” de Piero della Francesca y la “Muda” de Rafael Sanzio. Entre los innumerables ambientes internos del Palacio (<>, escribió Montaigne), destacan el Salón del Trono y el Studiolo del Duque, con el espléndido revestimiento en taracea y la serie de retratos de los “Hombres Ilustres”. Pero Urbino está llena de obras maestras, basta con recorrer calles y callejones para darse cuenta de que es una especie de ciudad mosaico, cuyas teselas llevan las señales de una larga historia artística y cultural. Entre las muchas paradas obligadas están la Catedral con su curiosa mole neopalladiana, reconstruida tras el terremoto de 1784; la iglesia de San Domenico con su espléndida portada de travertino, con la copia de la luneta de Luca della Robbia; la iglesia medieval de San Francisco, con el campanario gótico y el gran retablo de Federico Barocci; el cincuentista Oratorio de San José; el renacentista Palacio Albani; la Casa natal de Rafael, la Fortaleza Albornoz, desde cuyos baluartes la vista se extiende no solo sobre el Palacio Ducal, sino también sobre un magnífico telón de colinas.

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