La sala fue construida en 1690 para custodiar una serie, ya perdida, de objetos riquísimos de los Dominicos y los corazones de Carlos de Anjou, Alfonso I y Fernando.
Los corazones estaban conservados en grandes vitrinas de plata que durante el dominio francés, junto con muchos otros objetos guardados en el “Tesoro”, fueron fundidas, destinando a suerte desconocida los corazones que en ellas se custodiaran.
La Sala del Tesoro, tras las restauraciones realizadas con motivo del Jubileo del 2000, alberga una exposición permanente de objetos, dividida en 4 secciones temáticas, correspondientes a cuatro monumentales armarios de madera.
Los armarios, de nogal, son obra del ebanista Francesco Antonio Picchiatti (1749). La decoración de las puertas está realizada siguiendo el estilo ornamental del suelo, un espléndido ejemplo de barro cocido y mayólica, realizado por los hermanos Massa, autores también de las mayólicas del claustro de Santa Clara.
Las secciones
Las arcas aragonesas: en este armario se exponen los ejemplares más extraordinarios que se reúnen en la Sala del Tesoro. A finales de los años ochenta, las vestimentas, datadas entre los siglos XV y XVI, que llevaban las momias situadas en las arcas sepulcrales, custodiadas y expuestas en la adyacente Sacristía, fueron retiradas de los cuerpos, restauradas y posteriormente expuestas. Un fragmento de la historia del vestido del Quattrocento se reconstruye a través de trajes de damasco, velos y cojines de seda, forros, puñales, escudos de la familia aragonesa y de algunos miembros de la nobleza de la corte.
Las procesiones: en la pared noroeste, destinada a albergar aquellos objetos sagrados llevados en procesión durante las fiestas religiosas del siglo XVIII y XIX, se reúnen entre vasos y aureolas las estatuas de los principales santos dominicos. Los bustos procesionales, expuestos hoy en la sala reproducen los originales, en plata, que fueron fundidos durante la década francesa y por tanto se perdieron.
El Tesoro: en la pared noreste de la Sala dedicada al “Tesoro” propiamente dicho, se guardan los aparatos litúrgicos más preciosos que poseían los frailes dominicos: antependios de altar, píviales de oro y sedas policromadas, casullas de lampazo brocado del siglo XVII y XVIII.
Los enseres sagrados: en este armario se exponen, entre otros objetos sagrados, una espléndida cruz de cristal de roca y uno de los paños, totalmente hechos a mano, donados por la familia D’Aquino a la Basílica.

