Federico II estaba fascinado por esta tierra. Lo demuestran los diferentes castillos que, sobre todo en la zona norte de la Basilicata, en particular en la del Vulture, todavía recuerdan hoy la vida de tiempos pasados. Aunque usados como reserva de caza, hoy representan uno de los muchos motivos para conocer esta tierra, rica en encanto y misterio, desconocida al ojo distraído pero apasionante. La antigua Lucania, en realidad, tenía otros territorios, ya que al oeste se extendía por todo el Cilento, una zona que recuerda en usos, costumbres y territorio mucho a la Basilicata.
La historia ha borrado algunos límites pero ha regalado muchas otras historias, como las famosas revueltas de los bandoleros que hoy, gracias a un cuidadoso trabajo de investigación, se recuerdan en un espectáculo al aire libre único en su género, “la Storia Bandita”, con cientos de figurantes que actúan en el bosque de la Grancia y efectos escénicos dignos de las más altas ficciones cinematográficas.
Las recreaciones se integran bien con el resto del paisaje que por su morfología no cansa a quien desea conocer, con sus dos mares (Jónico y Tirreno) que reconocen en Maratea la localidad “reina”, con lagos artificiales pero también naturales y de orígenes antiquísimos y volcánicos, como los de Monticchio en el Vulture, y luego llanura y montañas, ríos y barrancos. En uno de estos últimos se levanta Matera, cuyo encanto de tierra lejana es exaltado por los “Sassi”, casas de piedra toba estrictamente protegidas por la Unesco.

No se sabe si para emular a los ángeles o a los halcones que en tierra de Basilicata están en perfecta simbiosis desde hace siglos con la naturaleza circundante, aquí surge el “vuelo del ángel”, una atracción turística que permite sobrevolar las Dolomitas lucanas a más de mil metros de altura.
Castelmezzano y Pietrapertosa, las dos gemas de las dolomitas lucanas (así llamadas porque recuerdan las mucho más famosas cumbres del norte) durante todo el período estival acogen al turista que por espíritu de aventura o amor por la naturaleza, con sólo el arnés, podrá sobrevolar los dos pueblos gracias a una cuerda que conecta los puntos más altos de los asentamientos. Y finalmente, la enogastronomía, orgullo de esta tierra, pobre pero digna, hospitalaria y todavía poco frecuentada y globalizada. Las mesas están adornadas con queso (estrictamente de oveja), salami (muy conocida la luganiga que aquí tuvo origen y que todavía hoy se prepara en la mayoría de las casas lucanas), pimientos (originales y particulares los “cruschi”), frijoles (muy conocidos los reconocidos de Sarconi), pasta casera (cavatelli, fusilli, orecchiette).
Todo ello regado con el vino “Aglianico del Vulture“, tan elogiado por Horacio Flaco, que en esta tierra vio la luz, un néctar corpulento y delicioso al paladar, para acompañar con carne y caza.

