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Los exvotos marineros de la Costa Amalfitana

Tormentas, naufragios y actos de piratería, historias de cautivos condenados al remo o al suplicio de arrancar la cuerda, accidentes a bordo, son los temas que más frecuentemente se representan en las tablillas votivas ofrecidas por un marinero o su familiar a cambio de una gracia recibida.

Massimo Vicinanza
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El recurso al exvoto para dar gracias o para invocar una gracia se remonta a tiempos inmemoriales. En la antigüedad, y no solo entonces, incluso la construcción de un santuario o templo frecuentemente se debía a una gracia recibida; la Basílica de San Juan Evangelista de Rávena, por ejemplo, fue mandada erigir por Gala Placidia como agradecimiento por haber escapado junto a su hijo de la tormenta que azotó la nave en la que viajaban entre Rávena y Bizancio.

Exvotos de terracota o madera, dirigidos a deidades incluso menores, como a la diosa Mefitis, se suelen encontrar durante las excavaciones de sitios arqueológicos. En la época romana, y está documentado por los más grandes escritores de la época – Virgilio, Cicerón, Horacio o Tibulo -, era costumbre para los marineros colgar al cuello tablillas votivas pintadas, dirigidas a Isis, diosa que protegía de las tormentas, o a Neptuno, Cástor y Pólux, divinidades protectoras de los navegantes. Las tablillas representaban la escena que habían protagonizado durante un peligro o tormenta; había también otro motivo que llevaba a mostrar el exvoto en público: se pedía limosna para intentar recuperar al menos parte del valor de la mercancía perdida durante la tormenta. Muy común en las costas mediterráneas y del Próximo Oriente, el exvoto es sin embargo un fenómeno conocido también en otros lugares, por ejemplo en zonas limítrofes con Italia, como Suiza, la extinta Yugoslavia, Austria.

Es curioso que la manufactura de las tablillas votivas producidas en Italia sea bastante uniforme, sean hechas en el norte, centro o sur, como si provinieran de un único taller. Los cánones para la producción de tablillas votivas se aplican siguiendo reglas bastante precisas, aunque esta forma de expresión se incluya dentro de lo que se define muy genéricamente como “arte popular”. La tablilla votiva es una verdadera mina de información, y por su medio es posible, por ejemplo, seguir la evolución de nuestra marina; en dibujos que van desde el siglo XVI en adelante se representan eventos dramáticos como trombas marinas o grandes olas que rompen en las costas, o también el asalto de piratas, que involucran todo tipo de barcos y tripulaciones. Los trabaccolos, galeras y galeazas, las saetas del siglo XVII, tartanas, polacas sorrentinas y felucones, son las embarcaciones protagonistas de los dibujos; los barcos están representados con diversas formas y tipos de arboladura y vela, siguiendo los progresos de la arquitectura naval hasta llegar a la representación de barcos de vapor que colisionan con veleros, casi para subrayar el paso definitivo de la navegación tradicional a la “automatizada”.

La técnica seguida para la realización de las tablillas votivas es generalmente pintura al óleo sobre tabla de madera; en ocasiones se ha visto acuarela sobre papel posteriormente pegado sobre una tabla. En el siglo XVIII se usaba mucho la tela, mientras que desde el siglo pasado se introdujeron otros materiales como zinc, cartón, masonite, vidrio. La gracia solicitada o recibida se representa en dos o tres escenas sucesivas, en el mismo dibujo, y la posición de la divinidad que media – generalmente la Madonna – siempre está en la parte superior, a veces en el centro pero más frecuentemente en una de las dos esquinas de la tabla; en los siglos XVI y XVII se usaban las fórmulas V.F.G.A o V.F.G.R., “Votum fecit et Gratiam Accepit o Recepit” dibujadas generalmente abajo a la izquierda y repetidas tantas veces como gracias. En los siglos posteriores se empleó la sigla P:G:R: o P.G.O., “por gracia recibida u obtenida”. Raramente fechados y nunca firmados, los exvotos son clasificables precisamente en base a las escenas representadas: el tipo de vestimenta, la arquitectura, las costumbres en boga en un periodo dado, la iconografía de la Madonna son elementos de estudio para una correcta datación.

Indudablemente los exvotos son el “termómetro” de la devoción por un santo en lugar de otro: cuantas más tablillas votivas se recojan en una iglesia o santuario, mayor devoción popular hay hacia esa divinidad a la que está dedicado el lugar; por ejemplo, en el Santuario de la Madonna dell’Arco se conservan miles de exvotos, desde 1500 en adelante, que tratan los temas más variados, desde erupciones volcánicas a accidentes de tráfico, de episodios de exorcismo a simples caídas. En el Santuario también hay un considerable número de tablillas votivas marineras que suelen recopilarse en capillas próximas al mar. En la hermosa ermita de Albori, un pueblo de la Costa Amalfitana, hay una abundancia de exvotos relacionados con la marina. Entre las personas que usan con mayor frecuencia y constancia los exvotos están ciertamente los miembros de las tripulaciones de los barcos, unidos en el peligro y en el aislamiento por un constante sentido de angustia y religiosidad; a menudo resueltos con la ayuda de la magia, del santo, del milagro.

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