Milán es una metrópoli europea nada difícil de descubrir en todos sus aspectos. Moverse por Milán entre el centro, la periferia y los municipios limítrofes es cada vez menos complicado gracias a una densa red de medios de transporte público (bus, tranvía, trolebús, metro, trenes…) y privado, y a un sistema vial (cuatro circunvalaciones) y ferroviario (Estación Central, Porta Garibaldi, Lambrate, Cadorna-Ferrovie Nord, Porta Genova) de los más avanzados de Europa.
Para descubrir el centro histórico de Milán, que no es inmenso, la mejor solución es sin duda moverse a pie, recorriendo calles y plazas sin prisa, y pasando por los “tesoros de la familia”: el Duomo con su grandiosa plaza; el Palacio Real; la Galería Vittorio Emanuele II y el Teatro alla Scala; la Pinacoteca di Brera; el Castillo Sforzesco; las Basílicas de Sant’Ambrogio y Santa María delle Grazie…
Cuando el cansancio se haga notar, siempre se puede tomar el primer bus, tranvía, trolebús o metro que salga hacia la zona deseada. Un único billete con duración de 75 minutos da acceso a todos los medios de la ATM, la empresa local de transporte urbano, en los que habitualmente viajan los milaneses. Cómodo y rápido es especialmente el metro, con sus tres líneas (verde, roja y amarilla), que conectan todos los puntos cardinales de la ciudad, llegando también a los municipios cercanos. Además del billete urbano ordinario (costo 1 euro), existen otros tipos, convenientes sobre todo para quienes hacen turismo, como por ejemplo, el diario (3 euros), válido también en las rutas ferroviarias urbanas gestionadas por Trenitalia-Le Nord, incluido el Pasante ferroviario.

