Entre el mar, colinas, montañas, pequeños pueblos y ciudades llenas de turistas, tomar una decisión no es sencillo, especialmente cuando tienes poco tiempo. Para quienes desean conocer más de una localidad, la mejor opción es alquilar un coche.
Una semana en coche por la Toscana
En tiempos de movilidad inteligente, con el sector del transporte centrado en la sostenibilidad y la eficiencia, el alquiler de autos es una opción ya muy arraigada. Según un informe de ANIASA (Asociación Nacional Italiana de Industria del Alquiler de Autos y Servicios Automovilísticos), en 2018 se alquilaron en Italia 5.369.172 coches por cortos periodos, con una media de una semana, un 3% más que el año anterior. Las cifras muestran que alquilar coche es ya una costumbre en el país.
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Todos los caminos llevan a Florencia
Cuarta región italiana por extensión y segunda en número de provincias, la Toscana tiene ciudades que merecen una visita. La favorita, sin duda, es Florencia: Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1982 y conocida por su inmenso patrimonio artístico. Cuenta con una impresionante cantidad de monumentos y museos: desde el Duomo y Santa Maria Novella, hasta los Uffizi, el Ponte Vecchio y la Piazza della Signoria. Florencia está muy bien conectada con otras ciudades toscanas a través de autopistas y carreteras.
La A11 la enlaza con Prato, Lucca, Pisa y Pistoia, y posteriormente con Massa y Carrara vía la E80. A través de la Autopalio se llega a Siena y luego a Grosseto por la vía Senese. La SGC conecta Florencia con Livorno, y la Autostrada del Sole y la E35 la comunican con Arezzo. Así, en menos de dos horas puedes llegar desde Florencia a cualquier capital toscana, o viceversa.

A ritmo lento, fuera de las rutas turísticas
Si prefieres la montaña, las playas, las termas o las rutas gastronómicas, el coche seguirá siendo tu mejor aliado. En estos casos, las autopistas dan paso a carreteras secundarias y panorámicas, perfectas para el slow travel, parando donde te apetezca para admirar el paisaje, saborear algún plato local o caminar por un sendero. Las alternativas abundan, pero uno de los itinerarios recomendados podría empezar con una caminata por los bosques de Garfagnana (en la provincia de Lucca), seguir con un baño en el mar de Versilia, una visita a las colinas del Chianti – entre Florencia, Siena y Arezzo – y sumergirte en la calma de la Maremma, descubriendo pueblos como Pitigliano, la “pequeña Jerusalén toscana”, o relajándote en las aguas termales de Saturnia, famosas desde la época romana.

No hay mejor medio para disfrutar de las suaves colinas toscanas, sin perderse sus ciudades llenas de arte ni sus encantadores pueblos entre el mar y la montaña, que el coche. La consigna es improvisar: dejarse sorprender y desviarse del recorrido marcado es, muy a menudo, la mejor forma de descubrir la Toscana.


