Entre finales del siglo VI y principios del V a.C., la organización del espacio urbano se articula a lo largo de una calle principal, que corre en sentido este-oeste, pavimentada con amplias losas y cruzada por estrechas calles perpendiculares, en las que se encuentran las viviendas.
La necrópolis coetánea ha devuelto ajuares funerarios con cerámicas figuradas de tipo griego, joyas de oro y ámbar y armaduras de tipo griego. Se trata de las sepulturas de aquellos Basileis (reyes), recordados por las fuentes antiguas.
Desde la primera mitad del siglo IV se establece el asentamiento de época lucana, frecuentado hasta el primer cuarto del siglo III a.C., caracterizado por monumentales fortificaciones de bloques labrados y puertas de acceso a la ciudad. Dentro de las murallas se pueden visitar barrios habitacionales que se superponen a los realizados en el siglo VI a.C.
Cabe destacar una importante experiencia de arqueología experimental que ha permitido reconstruir completamente uno de estos edificios con técnicas antiguas.

