El overtourism a menudo se aborda con límites, impuestos y restricciones, pero una parte del debate internacional propone una perspectiva diferente: no reducir necesariamente los viajeros, sino distribuirlos mejor en el espacio y en el tiempo. Una estrategia que involucra a las DMO, transportes, territorios menores, estacionalidad y la capacidad real de los destinos para gestionar los flujos.
El overtourism se suele contar como un problema de cantidad: demasiados turistas, demasiadas presencias, demasiadas personas concentradas en los destinos más conocidos.De aquí derivan medidas cada vez más frecuentes como accesos restringidos, tasas de alojamiento más altas, límites a los alquileres cortos, restricciones a grupos organizados e intervenciones para reducir la presión sobre los centros históricos.
Pero una pregunta provocadora está entrando con más fuerza en el debate internacional:¿y si parte de la solución al overtourism fuera, paradójicamente, más turismo?No más turismo en los mismos lugares y en los mismos días, naturalmente, sino un crecimiento capaz de distribuir la demanda, las inversiones y los beneficios económicos sobre territorios más amplios y durante diferentes períodos del año.
Resumen
El problema no siempre es el número total de turistas
El concepto de overtourism describe situaciones en las cuales la presión de los visitantes supera la capacidad percibida o real de un destino para gestionarlos sin comprometer la calidad de vida de los residentes, el medio ambiente, las infraestructuras y la experiencia turística. Esto no significa, sin embargo, que una ciudad, región o país entero tenga necesariamente “demasiados turistas”. Muy a menudo la presión se concentra en pocos barrios, monumentos, playas o periodos del año.
Un destino puede entonces encontrarse simultáneamente frente a sobrepoblación en algunas áreas y subutilización turística en otras. Es precisamente esta contradicción la que hace el problema más complejo.
De Venecia a Barcelona: la concentración es el verdadero nudo
Las imágenes del overtourism provienen casi siempre de los mismos lugares: centros históricos concurridos, grandes atracciones, puertos de cruceros, barrios que se han convertido en símbolos del turismo internacional. El visitante tiende a concentrarse donde existe mayor notoriedad, facilidad de acceso, servicios, conexiones y contenidos digitales. También las plataformas, redes sociales y algoritmos contribuyen a esta concentración, sugiriendo frecuentemente las mismas atracciones y los mismos itinerarios. El resultado es un efecto acumulativo: lo que ya es muy visitado se vuelve aún más visible y por lo tanto aún más visitado.
Más turismo no significa más personas en los mismos lugares
La tesis según la cual más turismo podría contribuir a resolver el overtourism no consiste, por tanto, en aumentar aún más las llegadas en los destinos ya congestionados. Significa más bien ampliar la geografía de la experiencia turística: construir motivaciones de viaje hacia barrios menos frecuentados, ciudades secundarias, áreas rurales, pueblos, territorios interiores y destinos que disponen de capacidad receptiva pero captan una cuota limitada de los flujos.
En esta perspectiva, el crecimiento se convierte en una herramienta de redistribución. Un visitante que extiende la estancia uno o dos días y visita territorios cercanos puede generar valor económico adicional sin necesariamente aumentar la presión sobre el lugar ya congestionado.
La desestacionalización se convierte en una estrategia de gestión
El mismo razonamiento vale para el tiempo. Muchos destinos sufren de overtourism durante pocas semanas o meses, mientras enfrentan una demanda mucho más débil en el resto del año. La desestacionalización no debería por tanto ser considerada solamente una estrategia comercial para aumentar la ocupación hotelera. Puede convertirse en una herramienta verdadera de gestión de destinos.
Eventos, conexiones, productos turísticos, actividades al aire libre, cultura, gastronomía y congresos pueden contribuir a desplazar una parte de la demanda hacia períodos menos congestionados. La demanda estratégica se vuelve así diferente: no solamente “¿cómo reducimos los turistas en agosto?”, sino también “¿cómo hacemos interesante este destino en marzo, noviembre o durante la semana?”.
El papel de las DMO cambia
Durante años muchas organizaciones turísticas tuvieron como objetivo principal el aumento de las llegadas. El crecimiento de las presencias representaba uno de los indicadores más inmediatos del éxito de un destino. Sin embargo, el overtourism hace que este enfoque sea cada vez menos suficiente. Las DMO deben pasar progresivamente del simple marketing de destinos a la gestión de destinos.
Esto significa conocer los flujos en tiempo real, entender dónde se concentran, identificar las áreas que todavía disponen de capacidad, coordinar transportes y servicios y orientar la comunicación hacia objetivos específicos. La promoción misma puede convertirse en una herramienta de gestión: decidir qué contar, en qué periodo y a qué mercados puede ayudar a desplazar la demanda.
No basta con promover un destino alternativo
La redistribución no puede, sin embargo, resolverse simplemente publicando una lista de “lugares alternativos”. Si un territorio no dispone de conexiones, servicios, información, receptividad y productos reservables, difícilmente podrá absorber flujos significativos. La creación de nuevos destinos turísticos requiere por tanto inversiones reales. Transportes, infraestructuras digitales, formación de los operadores, accesibilidad y capacidad receptiva deben avanzar de la mano con la promoción. En ausencia de estos elementos también existe un riesgo opuesto: simplemente trasladar el problema del overtourism de un lugar a otro.
Los transportes son parte de la solución
La posibilidad de distribuir mejor los flujos depende fuertemente de la movilidad. Un visitante puede estar interesado en descubrir lugares menos conocidos, pero difícilmente lo hará si para alcanzarlos se necesitan tres transbordos o un coche. Conexiones ferroviarias regionales, autobuses, servicios marítimos, ciclovías, movilidad compartida e integración tarifaria pueden por tanto tener un impacto directo en la geografía turística de un destino.
En este sentido, la gestión del overtourism no es sólo una cuestión de marketing turístico. Es también una cuestión de políticas de transportes y planificación territorial.
Más noches, no necesariamente más llegadas
Otro aspecto se refiere a la manera en que se mide el crecimiento. Aumentar el valor generado por el turismo no significa necesariamente aumentar el número de llegadas. Un destino puede apostar por estancias más largas, mayor gasto local y una mayor dispersión geográfica. Un turista que se queda cinco noches en lugar de dos puede generar más valor económico sin aumentar el número total de personas presentes al mismo tiempo.
Este enfoque también modifica los indicadores utilizados para evaluar el éxito. Las llegadas y estancias siguen siendo importantes, pero deben complementarse con datos sobre la distribución geográfica, duración de la estancia, gasto, presión sobre las infraestructuras y percepción de los residentes.
La sostenibilidad requiere medición
La gestión sostenible de los destinos requiere datos. Hospitality Net, en sus análisis sobre sostenibilidad en turismo y hospitalidad, menciona frecuentemente un principio fundamental: no se puede gestionar lo que no se mide. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
Para enfrentar el overtourism se necesitan por tanto herramientas capaces de medir no solo cuántos visitantes llegan, sino dónde se encuentran, cuándo llegan, cuánto se quedan y qué infraestructuras utilizan. Datos provenientes de telefonía móvil, reservas, transportes, sistemas de ticketing y plataformas pueden ayudar a los destinos a identificar los puntos de mayor presión e intervenir antes de que el problema se vuelva estructural.
El turismo puede financiar la conservación
El debate sobre el overtourism contiene además una contradicción que a menudo se pasa por alto. Muchos territorios dependen económicamente del turismo precisamente para financiar mantenimiento, conservación del patrimonio, empleo y servicios. Reducir drásticamente los visitantes puede por tanto tener consecuencias económicas importantes, especialmente en destinos que han construido una parte significativa de su economía alrededor de la hospitalidad. Por ello, una estrategia sostenible debe buscar un equilibrio entre la protección y la capacidad del turismo para generar recursos para los territorios.
Cuándo limitar los accesos sigue siendo necesario
Redistribuir los flujos no significa excluir restricciones o límites. En algunos lugares, la capacidad física y ambiental es realmente limitada y se hace necesario un control de accesos. Parques naturales, sitios arqueológicos, ecosistemas frágiles y centros históricos particularmente pequeños pueden requerir reservas, contingentes u otras formas de regulación. El punto es que estas medidas deberían formar parte de una estrategia más amplia, y no representar la única respuesta.
Del overtourism a la gestión del destino
La cuestión central no es por tanto establecer si el turismo debe crecer o disminuir en términos absolutos. La verdadera pregunta es qué turismo, dónde y cuándo. Un destino capaz de distribuir mejor a los visitantes puede simultáneamente reducir la presión en las áreas más congestionadas y aumentar las oportunidades económicas para territorios que hoy quedan al margen de los grandes flujos. Esto requiere sin embargo un cambio de enfoque: menos atención al simple volumen y más atención a la gestión.
El turismo del futuro podría por tanto no ser necesariamente un turismo con menos personas. Podría ser un turismo más difundido, más largo, más distribuido y mejor gestionado. Y probablemente esta sea la verdadera provocación detrás de la pregunta: ¿y si el problema del overtourism no fuera el turismo en sí, sino la manera en que hemos aprendido a concentrarlo?
Preguntas frecuentes sobre overtourism
¿Qué significa overtourism?
El overtourism indica una situación en la que la presencia de visitantes genera una presión excesiva sobre un destino, con efectos en la calidad de vida de los residentes, el medio ambiente, los servicios y la experiencia de los turistas.
¿Significa overtourism que hay demasiados turistas?
No necesariamente. En muchos casos, el problema es la fuerte concentración de visitantes en determinados lugares y periodos, mientras que otras áreas del mismo destino reciben flujos mucho más limitados.
¿Cómo se puede reducir el overtourism?
Entre las estrategias posibles están la distribución geográfica de los visitantes, la desestacionalización, la mejora de los transportes hacia áreas menos concurridas, la gestión de accesos y el uso de datos para monitorizar los flujos.
¿Puede la desestacionalización ayudar contra el overtourism?
Sí. Incentivar los viajes en periodos menos congestionados puede reducir la presión durante la temporada alta y a la vez mejorar la sostenibilidad económica de las empresas turísticas durante todo el año.
¿Cuál es el papel de las DMO en el overtourism?
Las DMO pueden contribuir mediante el monitoreo de flujos, la promoción de áreas y periodos alternativos, la coordinación de operadores y una estrategia que pase del simple marketing del destino a la gestión integral de la demanda turística.
¿Limitar el número de turistas es siempre la solución?
No. En algunos destinos los límites pueden ser necesarios, especialmente en presencia de ecosistemas frágiles o capacidad física reducida. En muchos otros casos, sin embargo, una mejor distribución de los flujos puede ser más efectiva que una simple reducción del número total de visitantes.
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